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1. Introducción2. Más información
Tras reflexionar detenidamente acerca de los criterios de restauración, tengo que aceptar que existen tantos, al menos, como partidos políticos hay en España. En ningún momento intentaré dogmatizar en estos criterios; sin embargo sigo pensando que según el estado, la antigüedad, etc. en que se encuentre una motocicleta, requiere un determinado programa de actuación, puesto que no se puede generalizar en un tema tan delicado.
Alrededor de unos quince años atrás, un antiguo conocido mío al que me une la afición a los coches de época, me llamó para comentarme un asunto relacionado con algo que, según él podía hecharle una luz. Mi sorpresa fue cuando en su garaje, me mostró una motocicleta de 1924-25 a trozos. A la vista de aquel montón de hierros, me preguntó que me parecía. Tanto parte del motor, como la caja de cambios, se encontraban desmontados, pero con cuidado. Me refiero a que por ejemplo los piñones estaban agrupados y enlazados por un alambre, y el resto de piezas envueltas en trapos aceitados.
Todo ello parece ser que llevava descansando unos sesenta años en dos cajones de “la Lechera”. La parte ciclo estaba entera, pero de los neumáticos sólo quedaba unas hilachas en la parte en que habían estado en contacto con el suelo, del resto la goma se desprendía al tocarla. El depósito, guardabarros etc. una vez quitado el polvo, o estaba cubierto por una gruesa capa de pintura que se descascarillaba al pasar el dedo por encima, o de óxido protector.
Comenzaré explicando lo que denomino óxido protector: es esa capa de óxido color teja que no ha erosionado la chapa, si no más bien la ha protegido. Se elimina con un suave lijado, y la parte que cubre luce el aspecto de hierro limpio. Esto suele suceder cuando no ha sufrido los efectos de la humedad. La motocicleta procedía del desván del taller, de un mecánico de segunda generación de “algún lugar de la mancha”. La adquisición fue muy simple, al mecánico le habían concedido no se qué representación, y necesitó el espacio donde según él descansaba el fantasma de su padre. Entiéndase el pequeño desván donde el viejo almacenaba los trabajos sin terminar y sin retirar, pero de los que a pesar de los años, nunca dispuso como propios, por si alguién los reclamaba.
Pero el viejo habia fallecido hacía años, los tiempos avanzan, y el espacio cuesta dinero. Así que sin nostalgias, el día que alguien se interesó por aquella vieja BSA, esa misma noche abandonó definitivamente el desván. Casi acostados en el suelo y en las más variadas posiciones, de rodillas, con las uñas llenas de grasa endurecida, “a mí me dolían mis viejas lesiones de las rodillas y casi empezaba a ver la moto como un montón de hierro a pesar de mi ilusión” pasamos más de una hora. Al final decidimos lavarnos, beber una cerveza y evaluar la situación de la motocicleta según nuestros criterios.
Estaba claro que era una Round Tank de las primeras (sólo tenía dos marchas y el freno de patín). El motivo por el que dejó de rodar también (había descabezado la válvula de escape), con el consiguiente desaguisado. El por qué no se reparó en su día lo suponemos (la falta de repuestos), es muy probable que la moto ya viviese en el taller antes de nuestra G.C.. Que había rodado mucho, pués nos lo decía el estado de su corona y piñón con los dientes más afilados que los de un lobo, (más tarde lo confirmaríamos con el desgaste del carburador, holgura de pistón, y sobre todo en los piñones de la caja de cambios, que por un momento pensé si no habrían sido templados).
Hasta aquí de acuerdo los dos, pero de repente surgieron las discrepancias. Todo empezó cuando mi amigo me comentó el plan de trabajo que tenía previsto para devolver la motocicleta al asfalto. Yo no estaba de acuerdo, mi criterio “que él compartía en cierto modo” se alejaba mucho de construir una motocicleta nueva partiendo de lo que disponíamos. Por supuesto que el estado de la máquina requería una reconstrucción total, pero también permitía utilizar más de un 90% de sus elementos originales y eso no se suele dar con frecuencia. Llevábamos tres cervezas, demasiado para mí, y aún no estábamos de acuerdo y creo que en nuestro interior los dos presumíamos que no llegaríamos a ello. De pronto le dije: para que quieres mi opinión, sabes más que yo de estas cosas, y tienes decidido como actuar. Que te importa lo que piense, al final harás con tu moto lo que quieras.
Su respuesta me dejó desarmado. -Siento lo mismo que tú, pero necesitaba que alguién me lo hiciese ver. Esta moto es ella, y dejará de serlo si al final hago un puzzle con otros componentes.
Pasó el tiempo y un día me invitó a ver los progresos, la moto había desaparecido. Se había convertido en un montón de elementos clasificados en cajas y botes de cristal. En la parte superior de la estantería donde descansaba, guardaba las piezas recuperadas cubiertas con trapos. Me fijé en el sillín, lo había recuperado con una crema de zapatos incolora en la parte superior y en la inferior con una mano de aceite de pezuña de buey, el cuero estába elástico pero mantenía su aspecto de viejo.
La pintura del bastidor y del resto de la motocicleta era nitrocelulósica. Me comentó que se la había traido un amigo de Inglaterra, donde parece ser no es difícil conseguirla. Lo que me sorprendió fue su forma de aplicarla: "No sé las manos que lleva, compré una brocha de pelo de Marta y entre capa, secado, pulido, y capa llevo un montón de tardes. Cuando el que le trajo la pintura, se fue a Baileau como todos los años, no le dió una lista de elementos, nó, le preparó una cajita con las piezas viejas como muestra de las que tenía que comprar. Parece ser que tuvo suerte con el rectificador que le hizo caso en la tolerancia que le indicó. Lo tuvo más difícil con el cromador, que afirmaba haber hecho muchas piezas de moto, incluso haber cromado carburadores."
Al final, consiguió que no le puliese nada excesivamente, que le diese un baño de cobre y luego otro de niquel mate. Como estaba de vacaciones y dispuesto a cooperar, en el cilindro y culata me tocó mi parte, gasté no sé cuantos cepillos de dientes limpiando entre las aletas, al final se le dió una mano de un producto que cortaba la oxidación simplemente y se dió por finalizado el aspecto exterior. En la bomba de aceite si que tuve que emplearme a fondo para dejarla nueva “por dentro”; en realidad no estaba dispuesto a dejar de jugar en la partida. La magneto, cosa inaudita después de tantos años, rodándola con la mano sacaba chispa.
Pero mi amigo con buen criterio la llevó a bobinar y cambiar el aislante (se ve que tenía experiencia, pues en muchas ocasiones, cuando ruedan un poco y se calientan...) Los cables Bowden supusieron un problema, pués los actuales aunque parezcan iguales son muy diferentes por el alambre empleado y la cubierta de plástico. Al final encontró en una casa de repuestos de bicicleta de Talavera un rollo del antiguo. Luego vino el hacer los cables con su cabecilla esférica... Los neumáticos fueron un viacrucis, se podían conseguir en Inglaterra, a un precio para turistas desde luego, pero lo peor era que no sabían cuando tendrían, (parece ser que te ponían en lista y hasta que no había una cantidad suficiente no fabricaban).
Al final en Sils, encontramos unos originales y con un buen dibujo, pero endurecidos como el asfalto. Que si lavándolos con jabón de glicerina con agua caliente, que si dándoles con una brocha por dentro y por fuera con una solución de alcohol y glicerina al 50%, que limpiándoles las bandas con líquido de frenos. Al final estaban como nuevos, pero sólo de aspecto, pués en cualquier momento se quejaban como si les pegases. Otro problema fue el encontrar carburo para el fanal. Si que hay, pero nos venden un bidón de 50 kg.
Claro en una moto reconstruida, todo debe funcionar como en su mejor momento, pero que hacemos con 50 kg de piedras de carburo. Del fileteado se había encargado un antiguo operario de Orbea y era un primor de “pincelada suelta”, las calcas se las envió el Club BSA y estoy seguro que eran las de la época, pués el amarillento papel del soporte lo indicaba. Un detalle que dió su buena guerra fue la rueda trasera. La llanta estaba deformada por un golpe, ello había repercutido en los radios pequeñitos del aro de freno y en este; el uso había hecho el resto. De la llanta y del aro el tornero, que al final se convirtió en amigo, dió buena cuenta, pero no encontrábamos esos radios, así que paciencia y a reconstruirlos.
Al final un buen día dos años después de haber comenzado el trabajo, aprovechando unos días que pasé en su casa, la probamos a fondo. Todo funcionaba de maravilla, la ausencia de holguras era total. Lo cierto es que si llega a fallar algo me corto las venas, después de tantas horas y tanta ilusión. El fin de semana próximo había un encuentro de motocicletas en un pueblo de su zona y me propuso que nos acercásemos.
Me extrañó pues ninguno de los dos éramos aficionados a ello, pero comprendí que lo que pretendía era rodar la moto (por aquellas fechas comenzaban a popularizarse estos encuentros y ni se pedía seguro, ni existía la matrícula historica, ni nada de “impedimentos legales”, al mismo tiempo había una tolerancia por parte de las autoridades). Recuerdo la noche anterior, con un puñado de algodones impregnado en aceite de parafina se limpió toda la moto y luego frota que frota, para conseguir ese brillo-satinado tan particular de los vehículos de antaño. Por la mañana cuando la pusimos en marcha, hasta olía a “época”, creo que indudablemente era la mejor de la reunión.
En la sobremesa de una fraternal comida, se procedió a la entrega de premios. Prácticamente había para todos, hasta yo recibí un obsequio por ser el de procedencia más lejana. Mi amigo estaba inquieto, si me había dicho que no le importaban los trofeos en muchas ocasiones, allí descubrí que me había mentido cual bellaco. Indudablemente en mi opinión, era la motocicleta mejor reconstruida, pero el premio se lo llevó una excelente Bultaco. Al ver la desilusión en la cara de mi amigo, me acerqué al “petit comité” y pregunte lo más inocéntemente que pude, que criterios se habían seguido para valorar la restauración de las motos. La respuesta fue rotunda: la originalidad.
Al preguntar por que ni siquiera se habían fijado en la BSA, obtuve la misma rotundidad: el premio era a la mejor restauración, no a una motocicleta vieja. No se por qué, pero comenzé a contarles que había invertido más horas que tiene un reloj en recuperar toda la tornillería, como armado de lima y las hileras adecuadas, conseguí que a excepción de las arandelas y los grovers fuesen los de la moto, como se habían tratado todos juntos..., el problema de encontrar la zapata de fricción del freno del material adecuado, llegamos hasta hacer una de madera de chopo.... De pronto el que hablaba como si siempre tuviese razón, me cortó.
- Bien si esta tan restaurada, porqué no se nota.
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