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EL SECRETO DE MI BRILLO

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brillo   cobre   cromado   cromar   electrolisis   níquel   niquelado  

EL SECRETO DE MI BRILLO

Motos de Ayer nº 083

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El proceso de cromar, a primera vista podría ser interpretado como la acción de sumergir un metal en un baño, esperar y ya está. La realidad es algo más compleja, ya que todos pretendemos unos acabados que tengan una superficie perfecta y cuya longevidad perdure hasta la eternidad. La caja de Pandora del correcto cromado, no encierra secreto alguno que se asemeje al misterio de la creación: se trata simplemente de un ordenado proceso, cuyas directrices son: trabajar con conocimiento de causa, trabajar duro y trabajar con amor sobre el frío metal.

Cualquier sujeto que sea poseedor de las nociones básicas del proceso de restauración de una moto, en más de una ocasión se habrá visto en la tesitura de tener que decidir entre varios presupuestos de dispar cuantía, destinados a una misma operación. Lo más probable, es que tratando de evitar la experiencia de algún chasco pasado, el aficionado en cuestión, trate de entender el porqué de estas abismales diferencias de precio, interrogando a ambos profesionales a cerca de lo que van a hacer sobre las piezas de su moto. Concretamente, a la hora de cromar, hemos de saber que este proceso no esconde fórmula secreta alguna; eso sí, apartaremos de nuestra mente la idea de que cromar consiste en la acción de sumergir un metal en un recipiente que contenga un fluido y al rato sacarlo con los brillos de una bajilla de plata recién pulida.
Cromar bien, lógicamente requiere de unas refinadas técnicas de trabajo que no todos los profesionales están dispuestos a emplear. ¿Por qué? Pues… es sencillo de entender: en el taller de un buen profesional, la mayor cuantía del precio de un buen cromado se emplea en las horas de trabajo destinadas a la preparación de la pieza; mientras que en el taller del “Jeta” que te tiene preparada la mayor chapuza de la historia (tal y como me pasó a mi en la restauración de mi primera moto) el dinero pagado, imagino que sería empleado en satisfacer el ego de aquel impresentable, pegándose unas vacaciones en el Caribe a costa de cuatro pardillos confiados como yo.
Para ir entrando en materia, creo oportuno explicarte que cromar y niquelar no es lo mismo. Las motocicletas en sus inicios se niquelaban. Fue a partir del año 1932 cuando el cromo, sustituyó como tratamiento final a este anterior elemento. Así que ya sabes si tienes una moto de antes del 32 ¡que no te la cromen! has de niquelarla. Lo único que conseguirás cromándola será una chapuza de la que los verdaderos expertos se reirán de ti (a tus espaldas claro). La principal diferencia entre estos dos elementos es que el Niquel tiene un brillo más… apagado, que tira a tono Cobre/Latón y su superficie, al paso del tiempo se enturbia en mayor medida. El Cromo no vino para eliminar al Níquel, sino que precisa de él; ya que la base idónea sobre la que se debe cromar es un buen niquelado; así como la base óptima para niquelar es una buena capa de cobre sobre el hierro.
Uno de los problemas más grades tanto de Níquel como del Cromo, es que tienen pocas micras de grosor y si la pieza no ha sido lijada, igualada y limpiada a la perfección, a través de la delgada compostura de estos elementos se verán todos los fallos que tiene su superficie… suponiendo que por la falta de una correcta preparación de este recubrimiento mágico de Cobre y Níquel, no te salte el Cromo en dos días, que es lo que suele ocurrir cuando se recurre a los cromadores poco profesionales, llamados en argot callejero “chapuzas”. Es importante saber distinguir entre un niquelado y un cromado. El primero se empleó hasta 1932; su aspecto es más tosco y el brillo de su superficie, que es más cobrizo, perdura menos que el tono plata del cromo.
Aclarado esto, como lo que nos interesa es profundizar en el proceso global de cromar buscando la máxima calidad y ya que puedo permitírmelo, voy a tirar del conocimiento de causa de un buen amigo que es experto en esta materia: José María, propietario de la reputada empresa de cromados “Custocrom”, ubicada en la Valenciana población de Burjasot. Este buen hombre… que si que sabe, ha sido mi base de datos para el presente artículo. Para entonar a aquellos que lo desconozcan, creo oportuno describir detalladamente como funciona… eso de cromar. Muchos os habréis preguntado: ¿que es lo que provoca que un metal sólido se quede pegado a la superficie de otro metal?... sin emplear calor de fundición, ni sumergirlo en un bote de metal líquido color plata. Cuando tengamos este apartado claro, por medio del seguimiento de las fotos que os presento en este artículo, pasaré a explicar los diferentes pasos del proceso, desde la preparación de la pieza al cromado final . Vayamos al tema.
El sistema empleado para cromar está basado en la electrolisis, es decir el paso de corriente eléctrica a través de un fluido. Para conseguirlo se sumergen dos electrodos en un líquido; uno de ellos se conecta al positivo y el otro al negativo de una fuente de alimentación eléctrica de muy baja tensión: entre 2 y 5 Voltios, pero capaz de alcanzar intensidades próximas a los 1000 Amperios. El ingenio humano que siempre está a la que cae, se supo aprovechar del principio esencial de este fenómeno, cuando observó que en el desplazamiento de la carga negativa en dirección a la positiva: del electrodo negativo se desprendían minúsculas partículas, que se depositaban en el electrodo positivo. A partir de ahí, se comenzó a estudiar un minucioso proceso, gracias al cual hemos alcanzado la perfección en los cromados de nuestras motos.
Para lograrlo, los fluidos de los recipientes en los que se sumergen estos electrodos, se dotaron, a base de aditivos, de la conductividad adecuada para cada metal. Estando preparada su composición para facilitar al máximo la operación que se va a desarrollar en esa fase. La temperatura de este líquido se optimiza para cada función, oscilando entre los 40º y los 65º según el metal que se vaya a aportar. El material de aporte, en el caso del Cobre y Níquel, se introduce en las balsas a modo de pastillas, tabletas o pequeños lingotes, que se ubican dentro de unas celdillas próximas a la barra de polaridad negativa, de este modo cuando la corriente negativa es atraída por la positiva, las partículas de estos materiales se apuntan al viaje con mayor facilidad. En el caso del cromo el formato es un… raro polvo preparado, que se esparce por toda la balsa. Lógicamente, como ya habrás intuido las piezas a cromar se conectan a unos cables que están unidos a la barra de polaridad positiva. Aunque pienses que ya sabes cromar… nada más lejos de la realidad.

Ahora te explicaré el orden de trabajo de la pieza que he tomado como ejemplo de referencia. Retrata de un complicado depósito de combustible, que combina una zona cromada con otra pintada. El proceso de cromar, se realiza sumergiendo en unos baños dotados de electrodos las piezas previamente preparadas. Estas balsas tienen el fluido preparado en temperatura, composición, tensión e intensidad eléctrica, para garantizar los acabados óptimos. (Ver fotos)
1. El problema más grave al que nos enfrentamos, reside en devolverle la regularidad a la superficie de la pieza en cuestión. El peor de los casos con los que un cromador se puede encontrar, es que las piezas tengan grandes abolladuras. En esta circunstancia se suele recurrir a un planchista. El trabajo comienza por el martilleado del metal tratando de extraer las irregularidades. En el caso de los depósitos de combustible, aunque no es este nuestro caso, al no poder amartillar desde dentro, la única solución es seccionarlos, trabajarlos abiertos y volver a soldarlos, con el consiguiente incremento de costo económico. A continuación se rellenan las irregularidades grandes con soldadura autógena, aplicando varilla de latón-plata.
2. Acto seguido se desbasta con la amoladora la superficie, buscando la forma original. Es normal que esta operación precise ser repetida varias veces; ya que este material de aporte a de hacer las veces de la masilla de relleno que usaría un chapista a la hora de igualar una carrocería abollada.
3. También se tiene que eliminar el viejo cromo que quede sobre la pieza. Si se tratase de… por ejemplo un guardabarros, podríamos sumergirlo de un baño de decromación… es decir con la polaridad invertida, pero al tratarse de un depósito de combustible, tenemos el peligro de que las soldaduras del mismo, que suelen ser de latón, sean borradas de mapa, quedando nuestro depósito como un puzzle; por lo que no nos queda más remedio que el decapado manual por medio de una cinta lijadora de gran abrasión.
4. Tras esto, se tienen que limpiar las hendiduras con forma de crater que la oxidación deja en el metal, Estas marcas tienen el agravante de que se incrustan en el hierro a gran profundidad. Para dar buena cuenta de ellas, se raspa la superficie con unas amoladoras especiales, que están dotadas de unos cepillos de pelos metálicos que eliminan el óxido.
5. En el último paso de la preparación del hierro, se pule todo el conjunto con un disco de trapo abrasivo, tratando de borrar las marcas de arañazos más superficiales y los poros de la oxidación. Como limpieza final, por la necesidad de eliminar las ceras típicas procedentes de zona pintada del depósito, se somete a este a una limpieza por ultrasonidos. Este es el único método capaz de eliminar las filtraciones de siliconas que se introducen en las microscópicas porosidades del hierro.
6. Ocurre que es normal que si tratásemos de pulir y pulir hasta dejar el hierro en perfecto estado de revista… sería casi seguro que quedase como un papel de fumar… por no decir que casi seguro que lo perforaríamos. Para evitarlo se aplican los baños preparatorios de cobre. El cobre se aplica de dos modalidades distintas: la primera es el “cobre Alcalino”. Este elemento se aplica en un baño cuya composición es a base de cianuros, la temperatura ideal del fluido ronda los 50º y el tiempo de aplicación es de aproximadamente media hora en cada sesión. Su finalidad es la de proteger la pieza ante la oxidación, por lo que ya entenderás su importancia.
7. Tras visualizar el acabado de esta fase, si se observan irregularidades cuyo tamaño sea imposible de cubrir con los baños, se procede al rellenado de poros y marcas con soldadura de estaño y lamparilla de gas; por lo cual hay que desbastar de nuevo, aunque en esta ocasión con herramientas menos abrasivas: una lijadora con papel de lija fino es suficiente. Si ocurre… que es cosa habitual, que al desbastar el cobre de estaño, el hierro asoma, tendremos que dar una nueva capa de cobre alcalino.
8. La otra modalidad de cobre se llama “cobre ácido”. Las balsas que contienen este elemento contienen una solución a base de ácidos, pero con montones de aditivos que por lo complicado de sus nombres y funciones, creo innecesario mencionar, ya que nosotros no somos químicos. La temperatura de la balsa está igualmente a 50º.
9. La ventaja de este material de aporte es su gran capacidad de recubrimiento, dándole a la pieza un relleno imposible de conseguir con el “cobre alcalino” y por lo tanto mas cuerpo para seguir con la tarea de pulir y pulir. Tras las oportunas manos de este elemento y solo después de pulir otras tantas veces, se puede ver con claridad que la superficie de la pieza es perfecta. Por lo que se da por finalizada la fase de preparación, con lo que el pulir ha llegado a su fin.
10. Las siguientes fases del proceso consisten exclusivamente en sumergir las piezas en los baños. El Níquel se aplica a una temperatura algo más elevada: en torno a los 65º. La balsa destinada a esta labor esta compuesta por una mezcla ácida. La pieza, que en esta fase, ya se encuentra en perfecto estado de aparejo, se sumerge en este fluido alrededor de media hora. Si se tratase, como dije antes de una moto anterior a 1932, el trabajo se daría por concluido.
11. Como no es el caso, ya que el depósito pertenece a una moto de los cincuenta; casi sin respirar, se enjuaga en profundidad y se sumerge en la balsa de Cromado a 45º, por un tiempo bastante largo: entre media y dos horas según el tipo de pieza y la calidad deseada. Tras sacarla el trabajo ha sido concluido con éxito… ahora, tanto la vistosidad como la vida de este cromado, dependerá del esmero con el que su propietario lo cuide. El mantenimiento de los cromados se basa en no permitir que pasen muchos días sin acariciarlos con un delicado paño. Para que un cromado se perpetúe en el tiempo, ante todo, lo más importante es mantenerlo siempre limpio como una patena.

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