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KAWASAKI Z650: PURO HIERRO
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1. Kawasaki Z6502. Más información
Durante la década de los setenta del pasado siglo y en pleno desarrollo de un nuevo concepto de motocicleta, pocos motores se construyeron tan robustos como los tetracilíndricos KZ.
Aunque personalmente me considero un entusiasta de Honda, como buen amante de las motos, aprecio todo aquello que sea fabricado con esmero y fiabilidad.
En este caso, mucho antes de haber podido disfrutar de las Kawasaki, me llegaron datos sobre la buena construcción de esta serie de los años setenta. El modelo Z 900 fue impactante, quizá tanto como pudo haber sido la aparición de la primera Honda 750 Four. Este robusto motor de Kawasaki enamoró principalmente al cliente alemán, que quizás sea el país europeo más acérrimo al as Kawa; en Francia también fue apreciada, aunque los franceses parecen más amantes de Yamaha y en Gran Bretaña, triunfaron con mayúsculas las Suzuki... en fin, hay clientes para todo.
Si alguien ha visto la primera película de Mad Max y se ha fijado en las motos que alló aparecen, habrá podido comprobar que el mayor número de ellas son las KZ.
Shozo Kawasaki funda en 1878 unos astilleros en Tusukiji (Tokio), esta industria llamada Industrias Pesadas Kawasaki, se mantendrá en contínua expansión, dedicándose posteriormente a la fabricación de piezas de ferrocarril y aviación. Acabada la segunda guerra mundial se les prohíbe la fabricación de lo relacionado con la aviación y es entonces cuando absorben a Meihatsu, fabricante de motocicletas comercializadas con dicha marca, pero la producción no fue relevante por lo anticuado del diseño de aquella motocicleta. En 1962 se afilian a Meguro, una pequeña fábrica en Japón de motocicletas de gran éxito en la época, que más tarde pasará a ser propiedad de Shozo, quien por aquellas fechas, como buen japonés copia e intenta perfeccionar motocicletas de otros países; entre ellas la británica BSA A7. El ingeniero jefe, Ben Inamura trabajaba en 1969 en el secreto propio de un nuevo proyecto, que iba a cambiar el concepto de moto de la época. Pero vayase a saber el porqué, se ve sorprendido al ver su proyecto prácticamente copiado en el salón de Tokio de ese mismo año; se trataba de la Honda Four. Los de Honda, curiosamente se habían adelantado a su proyecto, las motos prácticamente se podían ver como hermanas gemelas.
¿Qué pasó? No importa, Inamura pone manos a la obra y dos años más tarde presenta una maquina que podía competir en ventas con la Honda perfectamente, la Z1, 903 cc, motocicleta potente, silenciosa, esbelta y cómoda, es más si tuviese que decidirme por alguna de ellas sinceramente, lo tendría muy difícil, porque ambas me gustan.
En los años setenta del pasado siglo, en España, teníamos graves problemas para comprar motos japonesas; la carencia de motocicletas niponas en España se intenta paliar con trucos y enmascaramientos, aunque también se vendían algunas oficialmente. Por ejemplo, he visto anuncios de los sesenta donde Carlos de Salamanca ya ofrecía motos Yamaha de baja cilindrada. Las Kawasaki entraron a España de manos de Ángel Nieto y Ben Heiderich; bajo la sociedad Ángel Nieto S.A. curiosamente se permitía la entrada de estas motos niponas porque no venían de Japón, pero a la vez, sí teníamos trato con los americanos y ellos tenían fabrica Kawasaki en Nebraska, en Estados Unidos. La 900 salía a la venta por 995 dólares, unas 70.000 pesetas de la época. Así que poco a poco fueron apareciendo en nuestras carreteras las célebres bicilindricas de 400 cc, que enamoraron a los motoristas de aquellos días y también las tetracilindricas. Entre ellas, la que os presentamos en éstas páginas la apreciada Z 650.
Esta moto aparecida en 1976, combinaba una potencia espectacular con un manejo asombroso. A ciencia cierta no se sabe cuál fue el motivo, pero el caso es que en 1978, aparecieron gran cantidad de motos mayormente de las bicilindricas con unas extrañas muescas en una de las aletas de los cilindros; descubriéndose más tarde que se trataba de ocultar lo que allí ponía. Made in Japan.
Saltando la alarma, y con la premura en bloquear setecientas de estas motos en las aduanas de Madrid (200 motos de 650) y Bilbao (500 de 400). Parece ser que Sermoto (organización de fabricantes de motos españoles) pidió al director general de aduanas la paralización de este envío. Para desgracia de los que tenían motos encargadas. Estos las recibieron años más tarde en un estado un tanto delicado. ¿Quién tuvo la culpa de aquello? pues ya da igual, la industria española de la motocicleta, en cuanto le faltó el célebre proteccionismo se fue al garete. Aquellas motos, posiblemente hasta fuesen algún envió directo de Japón donde “alguien” quiso “colar” lo que aquí estaba prohibido, y por otra parte los españolitos nos merecíamos de sobra. Pero retornemos a la motocicleta que nos ocupa; el robusto motor de la Z 650 tiene en su interior un cigüeñal construido de una sola pieza forjada, a diferencia de la Z 900, el cigüeñal se abarató descartándose los apoyos de rodamientos por los de media concha, al igual que prácticamente todas las motos de hoy en día; aquel viejo sistema, permitía recuperar el funcionamiento incluso después de haberse quedado el motor sin aceite.
La transmisión en “dos plantas” es de toma central mandada por una cadena Morse HYVO. Los reglajes de taqués se efectúan mediante los llamados “chavos” que disminuyen la sonoridad y permiten el montaje de árboles de levas más cruzados sin ningún tipo de problemas. Es más, con una pequeña transformación, ésta máquina puede permitirse el lujo de montar un embrague en seco para uso racing. El sistema de cambio es diferente a su hermana mayor la 900, aunque lleva el mismo que la 750 bicilindrica, motocicleta más común en Japón. Es una caja de cambios perfectamente escalonada y nos permite disfrutar plenamente de su conducción, la moto es elástica, suave y prácticamente insonora, el motor gira como una turbina a bajo régimen y tira con nervio entre las 7.000 y 8.500 vueltas, en plan racing, veremos lo potente que resulta la primera velocidad, llegando a los 64 km/h. Eso sí, tendremos que exprimir el motor hasta la zona roja o sea las 9.000 r.p.m. En segunda alcanzaremos los 104 km/h, en tercera 128 km/h y 152 en cuarta. La carrera de este motor es de 62 x 54 mm., y la compresión de 9,5/1; a 8.500 vueltas desarrolla 64 CV, el par máximo es de 5,8 Kg. a 7.000 r.p.m.
El encendido es el clásico por platinos (dos) sin embargo muchos optan por montar un encendido electrónico, mas fiable y duradero. Pesa 211 kg. no llega a ser una moto ligera, pero tampoco peca de pesada, pese a ello sus prestaciones son de 195 km/h. Su elasticidad, le permite rodar en quinta marcha a 2.000 r.p.m. y subir a 3.000 vueltas sin quejarse, cuando uno ha rodado unas horas con esta inapreciable moto, no desea otra cosa que seguir rodando y rodando. Es una turística nata, a ello contribuye su fantástico asiento. Con la posición erguida del piloto, se puede rodar a una velocidad de crucero de 160 km/h. El consumo es de 6,5 a los cien, la aceleración de los 400 metros salida parada es de 12,4 segundos. Capacidad del depósito de combustible 16,8 con 2,4 de reserva, la capacidad de aceite del motor es de tres litros y medio visible por ojo de buey en el lateral del motor.
Un detalle a tener en cuenta era que con los neumáticos de origen, la moto presentaba un bamboleo a baja velocidad, esto era remediable simplemente con sustituir los neumáticos; aconsejándose como efectivos los Avon Roadrunner. La suspensión delantera, de tacto turístico, cumple su cometido perfectamente, la capacidad de aceite de cada botella es de 186 - 194 cc. el ángulo de la pipa de dirección es de 63º y las medidas totales son: largo de la maquina 2.220 mm., ancho total 850 mm., altura 1.145 mm. y distancia entre ejes 1.420 mm. En la rueda delantera, se echa en falta un doble disco, aunque la horquilla viene de fábrica con su los chasis que se retorcían al anclaje por lo que montarlo es algo sencillo. En modelos posteriores se sustituyeron las llantas de radios por las de aleación y se colocaron dos discos perforados para evacuar el calor y el agua.
En cuanto a la puesta en marcha, aparte de la sencillez de su motor de arranque, dispone, cómo no, de una sencilla palanca, que más de una vez se agradece y que hoy en día ha desaparecido en nuestras motos; un elemento casi camuflado pero muy útil en algunas circunstancias.
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