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LLOTJA DE SILS 2008
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ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos Redacción Fotos Jorge Penalba
1. Introducción2. Más información
Si pensamos un poco acerca de la automoción, nos daremos cuenta que un espacio de treinta años da para mucho. Los últimos treinta años han significado un avance tal en cuanto a tecnología y difusión se refiere, que simplemente con el pequeño ejemplo que sigue podemos valorar.
Hace treinta años, cuando se mencionaban las cualidades de un automóvil, eran datos determinantes su potencia, la aceleración, su velocidad máxima, el sistema de frenado, consumo, etc... Actualmente ni los fabricantes mencionan estos apartados en su publicidad. Aquellos datos, se han sustituido por los referentes al sistema de navegación que monta de serie el vehículo, el equipo de música, la climatización, el tapizado... el ejemplo lo encontraremos en cualquier anuncio de televisión. Ante la ausencia de esos datos que determinan el carácter de un automóvil, su fiabilidad, prestaciones.... Sólo cabe pensar que si los fabricantes no matizan las cualidades mecánicas de su vehículo en la publicidad más directa, es porque éstas se dan por descontadas, que son suficientemente fiables, y es más importante y decisivo el argumento de venta que distingue al vehículo por su confort, seguridad, accesorios, apariencia...
Afortunadamente, en la historia de la automoción no pasa como en la de los Reyes Godos, que sólo la encontremos en algún museo o libro. Para que no ocurra así, se encargan los aficionados que existen a los vehículos de ayer, que incluso siendo de muy ayer, muchos de ellos, permiten el uso cuotidiano de los mismos; por supuesto dedicándoles más atenciones que a un vehículo actual, aunque en algunas ITVs se empeñen en no comprenderlo. En éste país, desde hace treinta años, los mayores entusiastas de la chatarra de lujo, tienen una cita obligada el primer fin de semana de junio en Sils.
La Llotja de l´Automòbil i la moto antiga de Sils, en la presente edición, cumple su treinta aniversario, y curiosamente en ésta efemérides, se han superado los trescientos expositores. El espacio disponible de 25.000 m2 donde se ubica, en lo que fueron los antiguos muelles de carga de la estación del ferrocarril, han llegado a su límite, y presumo que para el próximo año serán insuficientes. Pero como eso está por ver, de momento me limitaré a contaros mi visión de lo que fue la Llotja de este año. Los entusiastas de este mundillo, conocemos de sobra que por mucho que se haya cuidado la organización de un evento, una climatologia desfavorable puede dar al traste la más cuidada planificación. En la presente edición la lluvia se encargó de hacer los honores de inauguración, y eso que nadie la invitó. No importa, la chatarrilla lo resiste todo y los aficionados son sufridos. A media mañana del sábado siete de junio, el sol que presagia tormenta, secaba lo mojado y el lleno de asistentes era total. Podemos asegurar que el mal tiempo y el Mundial de motociclismo que se celebraba el domingo en Montmeló, aunque es posible que se cobrasen algunos visitantes, no hicieron gran mella en la afluencia de público.



Como conocen los asíduos a la Llotja, en ésta prima la motocicleta; pues bien, de las nacionales las había de casi todas las marcas, estados y precios, pero no en la cantidad que esperábamos y en otras ocasiones se ofrecían. Las míticas marcas inglesas tuvieron una discreta oferta, y los habituales feriantes galos nos mostraban más de lo mismo que suelen traernos a otros eventos, reconociendo que alguno de ellos ofrecía interesantes proyectos de reconstrucción. Entre los vendedores italianos que frecuentan la Llotja encontré uno con bastante material de preparación de los años sesentasetenta de la marca Abart a precios interesantes. También observé que aumenta el número de paradas dedicadas a la automovilia y al papel, y es que los adminículos y antiguas herramientas, siempre han tenido su encanto para el aficionado. Y aunque me había propuesto no hablar de precios, que a ello le sigue el si es barato o caro, mencionaré que una misma pieza que adquirí en diez euros, otro vendedor la ofrecía por treinta. La conclusión es la de siempre: mirar, remirar y al final comprar. Aunque por experiencia, personalmente, en cuanto encuentro lo que busco, si el precio me parece razonable lo compro. Nunca olvidaré aquella moto que por una indecisión de quince minutos, se llevó otro aficionado.
A pesar de los muchos vendedores y público, la impresión que saqué en mi visita, es que el mercado de la motocicleta y su repuesto está bastante apático. La fiebre de la restauración que sufrimos hace apenas unos años, ya bajó el mercurio del termómetro. Por otro lado internet tiene un papel cada dia más importante en el ambiente de la compra-venta. Pero donde se toma el pulso a ésta, nuestra pasión, indudablemente es en los mercadillos y ferias del sector, “especialmente en los auténticos” y la impresión del que esto escribe es que actualmente el pulso está débil pero estable.


No cabe duda que la Llotja que organiza Salvador Claret, es el mayor referente en España del interés acerca de la moto de colección y el ambiente que la rodea. Acudir a ella no sólo significa visitar el mercadillo; la convocatoria de aficionados es grande y los encuentros anuales entre viejos amigos que comparten una afición, es motivo más que suficiente para justificar nuestra presencia.
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