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Manuel Gómez Ysla : El campeón de Vespa
Manolo Santar Manuel Gómez Ysla Vespa Vespa competición  
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1. Manuel Gómez Ysla2. Vespa competición3. La familia de Gómez Ysla
Para Manuel Gómez Ysla no había otra marca ni otra cosa mas que la Vespa. Era su alma y su vida, su forma de vivir y de hacer. Se acostaba con Vespa y se levantaba con Vespa. Estaba entregado total y absolutamente a ella, sobre todo en el aspecto deportivo.
Para mí el mejor exponente de Vespa, tanto a nivel profesional y personal, deportivo y comercial, en cuanto corredor, distribuidor, vendedor, y reparador, ha sido él. En los años 60 y 70 fue el banderín fundamental de Vespa, su alma mater, y el artífice de toda la movida que hubo alrededor de la Vespa en aquella época. No había persona entonces que montase en Vespa, o que tuviera una relación con ellas, que no conociera a Manolo Gómez Ysla. Y afirmo, sin falsear la verdad, que él fue el artífice de que la Vespa fuera deportiva en nuestro país. Porque el que empieza de alguna manera ha hacer carreras y a participar con la Vespa en el tema deportivo es Manolo Gómez Ysla, sin género de duda ninguna. Y desde luego, en tanto que deportista, es el número uno de Vespa.
Los anteriores comentarios los hemos recogido de Manuel Santar, Manolo Santar para los amigos, un madrileño de seis generaciones que lleva cincuenta años metido en el tema del motociclismo, en el que ha hecho casi de todo. Ha participado en carreras, ha sido cronometrador, fue Presidente del Real Moto Club de España durante ocho años, ha sido Directivo de la Federación Española de Motociclismo, Delegado de España en los Campeonato del Mundo durante ocho o diez años, ha participado a nivel directivo en las Carreras de Motos de los Campeonatos de España, de Europa, y del Mundo, fue Director del Circuito del Jarama largo tiempo, etc.
En el año 63 o 64, recuerda Manuel Santar, hice prácticas en una agencia de matriculaciones que estaba por la zona de Atocha. Trabajaba allí un familiar de César Llopis, que fue Campeón de España de Regularidad, que montaba MV, pero también corría en Vespa.Entonces un día César me dijo que porqué no iba al Vespa Club, que estaba por allí cerca, en la calle Cenicero esquina con Atocha, al lado del Cine San Carlos. Y aparecí por allí un día, y empecé ha ir por allí. Era un local muy simpático, donde se reunía casi toda la gente que andaba alrededor de Vespa, tanto a nivel deportivo, como técnico,como comercial.Y ahí es donde conozco a todos los que entonces montaban en Vespa, y empezaban ha hacer carreras en Vespa. Y ahí es donde conozco a Manolo Gómez Ysla.
Para mí Manolo Gómez Ysla, nos sigue diciendo,ha sido el hombre que mejor ha manejado la Vespa, y el mejor piloto de Vespa. La prueba es que quedaba el primero en todas las carreras, o si nó el segundo. Recuerdo, por ejemplo, Las 20 Provincias, que fueron un invento de Vespa muy importante en aquella época en el aspecto deportivo. Eran unas carreras de regularidad,con cuarenta o cincuenta participantes, y un Comité de Carrera, del que yo formé parte dos años. Teníamos un equipo de veinte o veinticinco cronometradores, y todos los corredores tenían que ir en cada etapa haciendo dibujos con sus Vespas para poder entrar a la hora exacta en cada hito kilométrico exacto.Y eso era muy complicado, y eso Manolo Gómez Ysla lo hacía de maravilla.Era un gran relojero. Iba con su reloj y su cronómetro, con su retrofán como se llamaban entonces, que eran unos relojes grandes con una lupa, y con su rutómetro, que era un tinglado que montaba en la moto con una tira de papel como las que llevan las calculadoras con todos los tiempos apuntados, y ajustaba su velocidad tan perfectamente que si tenía que entrar, digamos, en un punto entre Sevilla y Córdoba a las 14 horas, 33 minutos, 15 segundos, él eso lo clavaba.
Era capaz de hacer, también, toda clase de diabluras con la moto. Y se metía en todos los charcos. Organizaba, por ejemplo, todo aquello que entonces se hacia en la Cabalgata de Reyes con las Vespas. Y nos decía, este año vamos ha ir de romanos, o el otro de indios,y nos vestía a todos de romanos, de indios, o de lo que él quisiera.
José Casado, asturiano y madrileño, industrial y empresario, es un apasionado de toda la vida a las motos. A los 15 años ya andaba por todas partes con una bicicleta con un pequeño motor, un Motor Ratón que así se llamaba, acoplado a la rueda delantera mediante un rodillo. A los 18 tuvo su primera moto, una Montesa Brío 80 que le regalaron sus padres cuando aprobó la carrera, y empezó a participar en rallys. Y desde entonces, y hasta que lo dejó, corrió con varias marcas y en distintos tipos de competición.
Cuando empezaron ha salir los Rallys de Vespa me dije, recuerda, pues voy ha participar. Porque con el coeficiente de Vespa parece que podías avanzar un poquito en más en las cronometradas. Y en uno de esos rallys es cuando conozco a Manolo Gómez Ysla, que corría con su Vespa. Luego surgió lo de Las 20 Provincias, y ahí Manolo iba con su equipo, en el que no estaba yo. Entonces, nos sigue diciendo, hicimos un equipo entre Gutiérrez de León, Cosano, y otros, patrocinados por Wynn, para poder ir. Me hice mi moto de competición, porque yo he sido siempre muy aficionado ha hacer transformaciones a las motos, pulir las bielas y los cilindros, mecanizar los cárteres y todo eso, y participamos en Las 20 Provincias cuatro o cinco veces. Y ahí, cuando íbamos por toda España corriendojuntos, es cuando con Manolo hago mucha amistad.Y desde entonces cada vez que había un rally de Vespa fuera de España me llamaba y me decía, Pepe, que te vienes conmigo, que vamos a tal sitio.
Hacíamos, por ejemplo, el Giro Trimare, el Circuito de los Tres Mares. Que era salir en un barco de Barcelona, que pasaba por Palma, Túnez, etc, y llegar a Génova, donde nos bajábamos con las motos. Y luego era recorrerse toda Italia, desde arriba hasta abajo, hasta el tacón, pasando por todos los sitios, Milán, Roma, de donde guardo el recuerdo inolvidable de haber entrado con mi Vespa en el Coliseo, Reggio Calabria, el Etna, Florencia, Venecia... y al final nos volvíamos, en barco otra vez, desde Génova a Barcelona.
Lo más importante que yo hice con Manolo, rememora José Casado, y que creo que fue lo más importante que él hizo en el aspecto deportivo, fue cuando participamos, a principios de los 60, creo, en un Rally de la Federación Internacional de Motociclismo cuyo destino era Moscú, en el que competían corredores de todos los países el Mundo, sobre todo de Europa, con todo tipo de motos. El ir en Vespa fue porque la Federación Española de Motociclismo, cuyo presidente era entonces Luis Soriano, lo decidió así porque Moto Vespa ponía las motos, las 150 que acababan de salir, y todo el equipamiento, y todos los patrocinios.
Recuerdo, continúa contándonos, que la Casa de las Maletas nos dio una maleta a cada uno, en una Casa de toda la vida que hacían los Blaiser a los jugadores del Madrid y del Atletic y tal nos hicieron un equipamiento de Blaiser, yen una Casa que hacían monos de trabajo nos hicieron un par de monos de competición para cada corredor, y también las camisas. La casa Dodge nos dejó un Dodge Familiar, que acababa de sacar, que es donde fueron el mecánico, el secretario, y el equipaje de todos. Y por nuestra parte compramos en Sepu cosas de Duralex y medias de cristal, porque nos dijeron que en Rusia esas cosas no las conocían, y era bueno que las llevásemos para regalar a las señoras, como así fue. Manolo era el capitán del equipo de España, y él fue el que organizó todo.
Eramos en total diez personas. Ocho corredores, para ir con las Vespas haciendo el Rally, Manolo Gómez Isla, Luisito Torres, y yo, por Madrid, por Barcelona un tal Balart, y por Sevilla vino untal Molina, que nos hizo sufrir lo que no estaba escrito durante todo el viajeporque se nos dormía encima de la moto, y teníamos que darle en el casco para despertarle, y otros.Yel mecánico y el secretario.
Hicimos un cursillo de mecánica en Moto Vespa, en Julián Camarillo, de montar unas motos, desmontar los motores, etc, y luego estuvimos entrenando todo el equipo bastante tiempo por Madrid. La salida se hizo desde el Kilómetro Cero, como a las 12 de la mañana o así, y empezamos ha hacer las etapas andando fuerte. Y aunque todos los que íbamos habíamos hecho rallys, y sabíamos lo que era andar fuerte, las palizas eran impresionantes. Porque era hacerte cada día 600 kilómetros en una Vespa 150, que la velocidad más grande que hacías era 110, 120,y eso ya como máximo y cuesta abajo,y al acabar cada etapa descarbonillar las motos, limpiarlas, y prepararlas, para continuar al día siguiente igual. La única ayuda que teníamos era que en las carreteras que eran de doble dirección, en las pocas que había, poníamos el Dodge delante y hacíamos dos grupos de cuatro detrás para que nos fuese quitando el rebufo del viento.
Pasamos por Burgos, entramos por San Sebastián, llegamos hasta Checoslovaquia, luego Polonia, y cuando llegamos a Rusia nos llevamos la gran decepción, porque creíamos que íbamos a la panacea del siglo, y allí había hambre y colas para todo. Y además como llevábamos la bandera y el escudo de España por la ropa y por todos los lados, en varias ocasiones, como cuando visitamos el monolito conmemorativo de cuando lanzaron el primer satélite, nos llamaron de todo.
Al entrar en Rusia nos pusieron para acompañarnos una intérprete y policía, que se llamaba Ala, que iba delante de nosotros en el sidecar de una moto BMW, de aquellas antiguas, pintada de color chocolate, y conducida por un buen hombre. Y lo curioso es que la tal Ala acabó enamorándose de uno de los corredores españoles, y estuvieron los dos enamoradísimos.Una anécdota fue que cuando llegamos a Minsk, que era una Ciudad Olímpica donde estaban todos los atletas rusos, y después de dejar el equipaje en la habitación bajamos Luisito Torres, Corsin, y yo a recepción ha esperar a la tal Ala, en ese momento apareció un mamotreto de hombre, de uno noventa, que debía de pesar ciento y pico kilos, que luego supimos que era un lanzador de peso, y empezó ha gritarnos en ruso y ha darse golpes en el pecho mientras señalaba el escudo de España que llevábamos.Ninguno entendíamos nada de lo que nos estaba diciendo, pero yo pensé, éste al final nos va a dar un guantazo que nos va ha mandar para el otro barrio. Pero en ese momento bajó Ala, se identificó con él, el hombre se cuadró, la hizo una reverencia, y se marchó. Y entonces ella nos explicó lo que había pasado. Que era que, el padre de este hombre había hecho la Guerra en Barcelona,y le habían matado allí.
Curiosamente los mejores amigos que hicimos en todo el rally fueron los rusos. Y allí es cuando yo empecé ha saber lo que era un pin. Porque cuando Manolo nos dijo que llevaba muchospin de Vespa, me dije, para qué nos da tantos pin, para que queremos llevar tantos chismes de estos en el bolsillo. Pero es que los rusos eran muy aficionados a ellos, y de hecho tengo muchas medallas que los rusos nos fueron dando en ese viaje, porque haces mucha amistad allí con la gente.
Pasamos por Smolensk, y llegamos a Moscú, donde nos recibieron todas las autoridades. Y nos volvimos otra vez al Kilómetro Cero, después de hacer 9.000 y pico de kilómetros. Y no tuvimos ningún accidente, ni nada de nada, gracias a Dios, solo algunas averías de bujías, porque en Rusia todavía había las mangueras aquellas que se colgaban del lateral del surtidor, y los aceites no eran buenos.
El padre de Manuel Gómez Ysla era un gran artista, nos contó también José Casado, que recuerda haber ido muchas veces a su taller, en el Madrid antiguo, al lado de las Vistillas y la catedral de San Isidro. Tenía allí su torno, sus gubias, de todo, nos dijo, y hacia unas tallas y esculturas impresionantes. Y Manolo eso lo heredó de su padre, y también era un gran artista. Por ejemplo, en las famosas Cabalgatas de Reyes de Radio Madridque se hacían entonces, montaba unas cosas magníficas. Me acuerdo de un Dragón espectacular que hizo de cartón prensado, en una finca que había comprado cerca de Madrid, que ahí trabajó el hombre una barbaridad, y además con el frío del invierno, que desfiló llevado por Vespas. Que por cierto en ese desfile me hizo ir en una Vespa repartiendo caramelos a los niños.
Manolo había heredado también de su padre, sigue recordando José Casado, la afición al arte, a la pintura, a la historia, a la arquitectura... todo eso lo llevaba en la sangre. Tenía una cultura impresionante, y los viajes con él, cuando terminaba el Rally, y comíamos y merendábamos, por la tarde, automáticamente era visitar iglesias, catedrales, y museos. Y no nos hacía falta guía ni nos hacía falta nada, porque se sabía todo al máximo nivel. Sobre todo en Italia, que para él era una pasión, y por donde fueses se conocía todo.
Pero nosotros en nuestra juventud, porque Manolo nos debía llevar unos nueve o diez años, lo que queríamos era divertirnos, y llegaba un momento que le decíamos, ¡Manolo!, otra iglesia no. Recuerdo que una vez en un Rally, estando en Roma, le dijimos, ¡Jóbar!, Manolo, a ver otra vez los mismos monumentos no, ¡leche! déjalo, y tal. Y se enfadó con nosotros, y se marchó solo. Que tampoco pasó más, porque habíamos quedado después en un sitio para cenar y tal, y luego cómo si nada.Y es que sí tenía que irse solo por ahí no le pasaba nada, si le dejabas solo no le importaba, porque en realidad era un hombre muy solitario. La verdad es que era una persona, además de entrañable, genial, y nos lo pasábamos muy bien con él.Y su conversación era en todo lo que tocases exquisita.
Yo comía mucho con él, recuerda también José Casado, y un día comiendo me dice, te tengo que contar que Mari Paz, que ya sabes quien es, y yo, nos hemos hecho novios. Mari Paz era una chavala pequeñita, pero preciosa, guapisíma, que Manolo la llevaba veinte y tantos años. Y le dije, pero venga Manolo, de que vas tú ahora por la vida, no te tires un farol aquí conmigo. Pero al poco tiempo nos llamó a los amigos y nos dice, que me caso, que os invito a la boda, y para todos nosotros fue una gran sorpresa. La boda fue descomunal. Asistieron cientos de personas. Vino gente de fuera. Se cantó, se bailó.
Mari Paz López Bueno nació en pleno Madrid castizo, al ladito de la Plaza de Chamberí, y cuando acabó sus estudios se puso a trabajar en la tienda de ropa de mujer que tenía su padre en la calle de Barquillo. En la tienda teníamos trabajando a un tío, nos cuenta, que era muy amigo de Manolo Gómez Ysla, y Manolo venía todos los días ha buscarle para desayunar juntos. Y así fue como empezó el conocimiento y la amistad de mi familia con él, por el año 63 o así, cuando yo tendría unosquince o diecisiete años. Conocimiento y amistad que en un momento determinado, por azares de la vida de ambos, se transformó en un noviazgo que en muy poco tiempo, menos de un año se convirtió, en 1975, en boda. Poco después, con una diferencia de un año, nacen las dos hijas del matrimonio, Mari Paz y Encarna, a las que su padre enseña desde muy pequeñas a montar en bicicleta, y luego, cuando tienen cuatro o cinco años las compra una moto pequeñita, una OSA 25, en la que aprenden ha montar rápidamente, y a los siete u ocho años ya conducen, con unos cojines que les pone para que lleguen a los pedales, un 600 por dentro de una finca de la familia.
Mari Paz, comenta, ha preferido desde siempre que la lleven, a conducir, pero antes de casarse no era ajena a las motos, y le gustaban porque, nos dice, en su casa su padre tuvo siempre motos grandes, como una Sanglas grande en la que, recuerda, mi padre nos llevaba a los tres niños encima del tanque de la moto, y otro entre él y mi madre, sin sidecar ni nada.Y ya de casada, nos dice,vivo, como es lógico, el mundo de la moto con mi marido. El ya no corría, pero organizaba carreras, colaboraba con la Federación Española de Motociclismo de varias formas, y con las niñas siendo muy pequeñas le hemos acompañado muchas veces al Jarama, a Navacerrada, y a otrosmuchos sitios donde organizaba, preparaba,o supervisaba las carreras, rallys, o lo que fuese.
En el año 88 fallece Manuel Gómez Ysla, y Mari Paz, con las dos hijas de doce y trece años,se hace cargo de Vespa Roma, el taller y concesionario de Vespa fundado en los años 50 por Manolo Gómez Ysla, en esos momentos el más conocido y prestigioso taller y concesionario exclusivamente de Vespa de la capital de España, y hoy el más antiguo.
Al principio fue un poco complicado, porque no tenía mucha idea, reconoce Mari Paz, pero el estar mis hermanos trabajando aquí, y varias personas que llevaban prácticamente trabajando con mi marido toda la vida, fue un apoyo. Y también fue una ayuda el que realmente era una continuación de lo que él hacía, de seguir el ritmo que él llevaba.
Con Mari Paz madre trabajan sus dos hijas, Mari Paz hija, que lleva la parte comercial y administrativa, y Encarna, que es la Jefa del taller. Mari Paz hija está casada y su marido trabaja también en Vespa Roma como comercial. Encarna, nos dice su madre, cuando empezó ha llevar el taller a lo mejor ha venido alguien y ha pensado, ¡ah!, una mujer. Pero luego cuando han visto como lo lleva, la mayoría de la gente está encantada con ella, y con que haya una mujer dirigiendo el taller.Cuando comentamos a Mari Paz que tener a toda la familia reunida en el trabajo es un lujo, nos contesta, pues la verdad es que ese lujo sí lo tengo.
Encarna, la hija menor por un año de Manuel Gómez Ysla, nace en Madrid en el 76, y, nos dice, a mi las motos siempre me han gustado, desde pequeñita. Primero tuve una bici pequeñita de esas de ruedines, y como a los cuatro o cinco años, creo, mi padre apareció un día por allí, por la finca, con una Cota 25, una Montesa, una moto muy chiquitita, sin marchas ni nada, y con esa aprendí a montar en moto. Que ahora la tengo ahí en el taller, que la estoy arreglando para mis sobrinos.A los 16 me compré un Scooter chiquitillo, que es el que tengo todavía para andar por Madrid. Y cuando cumplí los 18 años me compré una moto grande para salir a carretera, una 500. Y ahora tengo una 600 y medio.
De pequeñas, recuerda, hemos ido muchísimas veces con mi padre detrás en la Vespa. Yo más que mi hermana, porque desde siempre he sido más aficionada a las motos que ella. Ycada vez que podía, por las tardes, cuando no tenía colegio,y en las vacaciones, me venía aquí al taller en la moto con él.
Encarna hace Formación Profesional en un Instituto, Primero y Segundo Administrativo, pero luego, como no le gusta, se pasa a Mecánica, torno, fresa, etc.
Yo era la única chica, nos dice, en las clases de Mecánica en los cuatro años que estuve en FP. Cuando terminé Mecánica hice un módulo de producción por mecanizado, que trataba de todo lo que era nuevo de torno, neumática, electroneumática, todo ya en plan a base de ordenador 3D, Autocad, etc. Y ahí también seguí siendo la única chica.
Todo eso lo estudiaba por la tarde, y por la mañana trabajaba en Vespa Roma, sigue contando. Empecé en la tienda, como a los 15 o 16 años, pero siempre que podía me metía en el taller. Y al final ya decidí que me pasaba del todo al taller, porque a mi la tienda es que no me atraía nada. Y ya llevo diez o doce años con el taller, ahora tengo cuatro operarios trabajando conmigo, y mi trabajo ahora es sobre todo de organización, pero también tengo que estar al día en la mecánica. Por ejemplo, he hecho un montón de cursos en Piaggio, que nos dan cada vez que salen modelos nuevos. Cuando le preguntamos a
Encarna sobre el machismo en el mundo de las motos, nos contesta, las motos es más es un mundo de hombres que de mujeres, aunque ahora ya no tanto como cuando yo empecé. Siempre lo recordaré,al principio, cuando empecé a llevar el taller,hace diez o doce años, vino un señor y me dijo, ¡uf!, una mujer en un taller, ¡hasta donde vamos ha llegar!. Y no le atendí, tal cual me dijo eso le eché. Y ahora aunque todavía hay de todo, como tenemos muchos clientes fijos, de toda la vida, que me conocen desde hace años, lo raro para ellos es que no estés. Y también hay hoy muchísima gente que le gusta que haya una mujer en el taller, sobre todo a las chicas.
Finalmente, resume Encarna, para estar aquí el taller te tiene que gustar, porque no te creas que llevar esto es fácil.
Hemos reunido algunos comentarios de José Casado y Manuel Santar, que como grandes amigos suyos le conocieron bien, acerca del carácter de Manuel Gómez Ysla.
Manolo, nos comentó José Casado, tenía una afición desmedida por su profesión.Lo que le atraía y encantaba era su Vespa, la Vespa era una locura para él, nunca dejó de montar en Vespa, toda la vida fue en Vespa. y todo lo que hizo fue en Vespa y por su Vespa. Y en Vespa hizo lo que no hacía nadie.Yo le he visto hacer de todo. Como subir con cuatro personas, o cinco o seis, no sé cuantos, en la misma Vespa ahí en El Retiro. Y en el tema de toda la realización de rallys de Vespa, y de cómo tenías que hacerlos, fue un maestro, no sólo para mi, para muchos. De Manolo apredimos todos muchísimo.
Y a la vez que era muy responsable, muy recto, muy estricto, y de carácter muy fuerte, era un hombre muy entrañable, cariñoso, y un sentimental de todo, que sin querer te captaba. Yo le cogí muchísimo cariño. Y era muy querido en todos los Vespas Clubs de España y del extranjero, y en Moto Vespa de aquí, de España. Y a nivel europeo era una institución. Y en Italia en particular, y en Piaggio, era muy considerado.
Manolo, resume Manuel Santar, era fabuloso,era un fenómeno en todo, y yo lo admiraba.Y aunque tenía muchos conocidos, para los que
nos consideraba amigos de verdad, que éramos unas diez o doce personas, era una persona muy, muy, entrañable. Pero también era hombre muy serio para sus cosas, un perfeccionista, tanto en el aspecto deportivo, como en su trabajo profesional, como a nivel personal, y en esos aspectos con él pocas bromas se podían gastar.
1. Manuel Gómez Ysla2. Vespa competición3. La familia de Gómez Ysla
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