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Manuel Gómez Ysla : El campeón de Vespa
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1. Manuel Gómez Ysla2. Vespa competición3. La familia de Gómez Ysla
Hicimos un cursillo de mecánica en Moto Vespa, en Julián Camarillo, de montar unas motos, desmontar los motores, etc, y luego estuvimos entrenando todo el equipo bastante tiempo por Madrid. La salida se hizo desde el Kilómetro Cero, como a las 12 de la mañana o así, y empezamos ha hacer las etapas andando fuerte. Y aunque todos los que íbamos habíamos hecho rallys, y sabíamos lo que era andar fuerte, las palizas eran impresionantes. Porque era hacerte cada día 600 kilómetros en una Vespa 150, que la velocidad más grande que hacías era 110, 120,y eso ya como máximo y cuesta abajo,y al acabar cada etapa descarbonillar las motos, limpiarlas, y prepararlas, para continuar al día siguiente igual. La única ayuda que teníamos era que en las carreteras que eran de doble dirección, en las pocas que había, poníamos el Dodge delante y hacíamos dos grupos de cuatro detrás para que nos fuese quitando el rebufo del viento.
Pasamos por Burgos, entramos por San Sebastián, llegamos hasta Checoslovaquia, luego Polonia, y cuando llegamos a Rusia nos llevamos la gran decepción, porque creíamos que íbamos a la panacea del siglo, y allí había hambre y colas para todo. Y además como llevábamos la bandera y el escudo de España por la ropa y por todos los lados, en varias ocasiones, como cuando visitamos el monolito conmemorativo de cuando lanzaron el primer satélite, nos llamaron de todo.
Al entrar en Rusia nos pusieron para acompañarnos una intérprete y policía, que se llamaba Ala, que iba delante de nosotros en el sidecar de una moto BMW, de aquellas antiguas, pintada de color chocolate, y conducida por un buen hombre. Y lo curioso es que la tal Ala acabó enamorándose de uno de los corredores españoles, y estuvieron los dos enamoradísimos.Una anécdota fue que cuando llegamos a Minsk, que era una Ciudad Olímpica donde estaban todos los atletas rusos, y después de dejar el equipaje en la habitación bajamos Luisito Torres, Corsin, y yo a recepción ha esperar a la tal Ala, en ese momento apareció un mamotreto de hombre, de uno noventa, que debía de pesar ciento y pico kilos, que luego supimos que era un lanzador de peso, y empezó ha gritarnos en ruso y ha darse golpes en el pecho mientras señalaba el escudo de España que llevábamos.Ninguno entendíamos nada de lo que nos estaba diciendo, pero yo pensé, éste al final nos va a dar un guantazo que nos va ha mandar para el otro barrio. Pero en ese momento bajó Ala, se identificó con él, el hombre se cuadró, la hizo una reverencia, y se marchó. Y entonces ella nos explicó lo que había pasado. Que era que, el padre de este hombre había hecho la Guerra en Barcelona,y le habían matado allí.
Curiosamente los mejores amigos que hicimos en todo el rally fueron los rusos. Y allí es cuando yo empecé ha saber lo que era un pin. Porque cuando Manolo nos dijo que llevaba muchospin de Vespa, me dije, para qué nos da tantos pin, para que queremos llevar tantos chismes de estos en el bolsillo. Pero es que los rusos eran muy aficionados a ellos, y de hecho tengo muchas medallas que los rusos nos fueron dando en ese viaje, porque haces mucha amistad allí con la gente.
Pasamos por Smolensk, y llegamos a Moscú, donde nos recibieron todas las autoridades. Y nos volvimos otra vez al Kilómetro Cero, después de hacer 9.000 y pico de kilómetros. Y no tuvimos ningún accidente, ni nada de nada, gracias a Dios, solo algunas averías de bujías, porque en Rusia todavía había las mangueras aquellas que se colgaban del lateral del surtidor, y los aceites no eran buenos.
El padre de Manuel Gómez Ysla era un gran artista, nos contó también José Casado, que recuerda haber ido muchas veces a su taller, en el Madrid antiguo, al lado de las Vistillas y la catedral de San Isidro. Tenía allí su torno, sus gubias, de todo, nos dijo, y hacia unas tallas y esculturas impresionantes. Y Manolo eso lo heredó de su padre, y también era un gran artista. Por ejemplo, en las famosas Cabalgatas de Reyes de Radio Madridque se hacían entonces, montaba unas cosas magníficas. Me acuerdo de un Dragón espectacular que hizo de cartón prensado, en una finca que había comprado cerca de Madrid, que ahí trabajó el hombre una barbaridad, y además con el frío del invierno, que desfiló llevado por Vespas. Que por cierto en ese desfile me hizo ir en una Vespa repartiendo caramelos a los niños.
Manolo había heredado también de su padre, sigue recordando José Casado, la afición al arte, a la pintura, a la historia, a la arquitectura... todo eso lo llevaba en la sangre. Tenía una cultura impresionante, y los viajes con él, cuando terminaba el Rally, y comíamos y merendábamos, por la tarde, automáticamente era visitar iglesias, catedrales, y museos. Y no nos hacía falta guía ni nos hacía falta nada, porque se sabía todo al máximo nivel. Sobre todo en Italia, que para él era una pasión, y por donde fueses se conocía todo.
Pero nosotros en nuestra juventud, porque Manolo nos debía llevar unos nueve o diez años, lo que queríamos era divertirnos, y llegaba un momento que le decíamos, ¡Manolo!, otra iglesia no. Recuerdo que una vez en un Rally, estando en Roma, le dijimos, ¡Jóbar!, Manolo, a ver otra vez los mismos monumentos no, ¡leche! déjalo, y tal. Y se enfadó con nosotros, y se marchó solo. Que tampoco pasó más, porque habíamos quedado después en un sitio para cenar y tal, y luego cómo si nada.Y es que sí tenía que irse solo por ahí no le pasaba nada, si le dejabas solo no le importaba, porque en realidad era un hombre muy solitario. La verdad es que era una persona, además de entrañable, genial, y nos lo pasábamos muy bien con él.Y su conversación era en todo lo que tocases exquisita.
Yo comía mucho con él, recuerda también José Casado, y un día comiendo me dice, te tengo que contar que Mari Paz, que ya sabes quien es, y yo, nos hemos hecho novios. Mari Paz era una chavala pequeñita, pero preciosa, guapisíma, que Manolo la llevaba veinte y tantos años. Y le dije, pero venga Manolo, de que vas tú ahora por la vida, no te tires un farol aquí conmigo. Pero al poco tiempo nos llamó a los amigos y nos dice, que me caso, que os invito a la boda, y para todos nosotros fue una gran sorpresa. La boda fue descomunal. Asistieron cientos de personas. Vino gente de fuera. Se cantó, se bailó.
Mari Paz López Bueno nació en pleno Madrid castizo, al ladito de la Plaza de Chamberí, y cuando acabó sus estudios se puso a trabajar en la tienda de ropa de mujer que tenía su padre en la calle de Barquillo. En la tienda teníamos trabajando a un tío, nos cuenta, que era muy amigo de Manolo Gómez Ysla, y Manolo venía todos los días ha buscarle para desayunar juntos. Y así fue como empezó el conocimiento y la amistad de mi familia con él, por el año 63 o así, cuando yo tendría unosquince o diecisiete años. Conocimiento y amistad que en un momento determinado, por azares de la vida de ambos, se transformó en un noviazgo que en muy poco tiempo, menos de un año se convirtió, en 1975, en boda. Poco después, con una diferencia de un año, nacen las dos hijas del matrimonio, Mari Paz y Encarna, a las que su padre enseña desde muy pequeñas a montar en bicicleta, y luego, cuando tienen cuatro o cinco años las compra una moto pequeñita, una OSA 25, en la que aprenden ha montar rápidamente, y a los siete u ocho años ya conducen, con unos cojines que les pone para que lleguen a los pedales, un 600 por dentro de una finca de la familia.
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