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Los retromoteros comunes solemos andar pobres de dialéctica, por lo que a la hora de expresarnos en modo superlativo, adoptamos un sencillo método basado en las comparativas. Es decir: que la belleza de una espléndida moza la asemejamos al brillo del Sol. La fuerza de un templado joven a la compostura de un Roble y la inteligencia de un semejante… algo déspota, la pasamos cruelmente por la piedra del chiste de “Petete”.

Después de la dura batalla de restaurar el motocarro Iso Furia, me juré que no volvería a hacer otro motocarro, resulta demasiado pesado para una sola persona acarrear con este trabajo tan entretenido.

Existen mitos que forjaron su leyenda en consecutivos éxitos. Si nos atrevemos a afirmar que la Gold Star fue una motocicleta mítica de los sesenta, no estaremos exagerando en absoluto; quizá lo más representativo de esos años fue su gran acogida como café racer. Pero para hacernos una idea de lo que significó la God Star como máquina deportiva, recordemos simplemente que una década antes, en el Clubman TT de 1955, de los treinta y siete parcipantes, treinta y tres de ellos lo hacían pilotando una Gold Star.

Durante la década de los setenta del pasado siglo y en pleno desarrollo de un nuevo concepto de motocicleta, pocos motores se construyeron tan robustos como los tetracilíndricos KZ.

En las gradas del ovalo de Springfield ya no cabe ni un chicle. El speaker, con un profundo acento de Illinois, anuncia los nombres de los pilotos que van a disputar la primera manga de Flat Track de la Springfield Mile. Los motores empiezan a rugir. Bicilindricos de diversas configuraciones, monos de gran cilindrada…, todos cargados hasta las cejas con sofisticadas preparaciones. En medio de tanta coquetería mecánica, un motor un tanto vetusto arranca. Su petardear es inconfundible, ningún otro twin es capaz de sonar así. Se trata del motor de la Harley Davidson XR 750 Screamin’ Eagle.

Me senté sobre la Sport 1000 S y pensé: “¿Con esta moto tengo que hacerme dos mil kilómetros en tres días?”. Pues sí, la decisión estaba tomada. La reunión de clásicas que se celebra en Colombres a primeros de octubre, me estaba esperando, no podía fallar.

Las motocicletas con motor rotativo, han pasado por la historia sin pena ni gloria, pero aún así, su extraño sonido nunca pasó ni pasará desapercibido.

No creo que pueda dudarse del avance que la industria japonesa, ha logrado en el desarrollo de la motocicleta en los últimos cincuenta años. En ese tiempo, se ha ganado la confianza de millones de motoristas de todo el mundo, convirtiéndose en cuanto a motocicletas se refiere, en el gigante mundial de la automoción.

Ducati se inspiró en un celebre título cinematográfico para crear el eslogan publicitario de su primer y único modelo custom, la Indiana.

El icono más representativo de la rebelión juvenil en los años cincuenta, fue sin duda la película “The Wild One” (Salvaje). Un joven rebelde vestido con cuero negro y mirada cínica, conduce una Triumph por las calles de Wrightsville. Es Johnny, líder oficioso de los bikers que rondaban por las calles de aquella pequeña ciudad.
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