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Suzuki RG 500 : Como la brasa al fuego
Barry Shenne Kevin Schwantz motos clásicas deportivas Suzuki RG 500 Suzuki RGV Yamaha RD 350  
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1. Suzuki RG 5002. Prueba de mecánica3. Rodaje en circuito
Los retromoteros comunes solemos andar pobres de dialéctica, por lo que a la hora de expresarnos en modo superlativo, adoptamos un sencillo método basado en las comparativas. Es decir: que la belleza de una espléndida moza la asemejamos al brillo del Sol. La fuerza de un templado joven a la compostura de un Roble y la inteligencia de un semejante… algo déspota, la pasamos cruelmente por la piedra del chiste de “Petete”.
En lo que a la motocicleta se refiere, esta insuficiencia nos empuja a tirar de la sabiduría del refranero popular, para destacar las aptitudes positivas de su estirpe, su estética o el carácter de la misma. Por ello, para definir a una Suzuki RG 500 en estos tres campos, diríamos: de tal palo tal astilla. De casta le viene al galgo y como la brasa al fuego.
Lo primero que ocurrecuando descargas del remolque una RG 500 en un circuito, es… que hace corrillo de admiradores. Esta máquina, llama tanto la atención entre las personas que dominan la materia, que es agasajada con todo tipo de comentarios positivos e incluso… algún muchachito cuarentón, emocionado, se atreve a pedirte tímidamente que se la pongas en marcha para oír el sonido de sus escapes; a lo que tú… inflado como un balón de playa, accedes por darte el placer de ver deslizarse una lágrima por su cara mientras exclama emocionado en voz muy baja :-“Como suena… ahhh… me muero del gusto!”. Si no has escuchado nunca el sonido de una RG, puedo hacerte un símil diciéndote que es algo parecido al bramido de dos Yamaha RD 350 juntas, pero con la facultad de tener los pistones sincronizados entre ellas. Tras dos acelerones en vacío que atruenan el box… te conviertes en el rey del mambo y allí congregado tendrás a tus pies a un entusiasmado público, que se hinchará a hacerte fotos mientras ruedas en tus tandas y eso amigo… no te equivoques… mola.
La jornada de tandas de Febrero del pasado 2007 amaneció mustia. La lluvia había hecho acto de presencia durante toda la noche, por lo que la pista se encontraba bastante mojada y a causa de la intensidad de esta, se había producido algo de arrastre de barro y horma de pino, que se depositó en las zonas más peligrosas de las curvas. Tenemos por costumbre, que las primeras motos en rodar son las clásicas y este servidor estaba inscrito en esta categoría con la RG. Tras enfundarme el mono, las botas, los guantes y el casco, procedí a acoplarme sobre la moto. La elevada posición de su sillín me resultó bastante incómoda y la ubicación atrasada de sus estriberas forzaba un poco las costuras de mi todavía fría funda. Tras meditar unos instantes, accedí al circuito con la absoluta convicción de que iba a realizar una tranquila tanda de veinte minutos que tomaría como calentamiento. La verdad es que ir despacio con esta moto, resultó una tarea complicada, ya que por debajo de las 6.000 rpm no existe vida útil, por lo que para ir fino, tuve que andarme listo para que a la salidas de las curvas, no se me viniese el régimen por debajo de las 7.000 rpm, que es donde empieza a latir su corazón ¡pero cuidado!… por que nada mas rozar las 8.500 rpm entra de modo automático en la zona de hiperespacio descontrolado hasta rozar las 11.000 rpm.
El resultado de estas vueltas de calentamiento me ayudó a centrarme en el uso práctico de la moto, pudiendo acostumbrarme tanto al tacto corto, seco y preciso de su cambio, como a la difícil dosificación del puño del acelerador. El embrague, de dureza media se mostró muy sencillo de controlar, gracias a él pude atenuar los sobresaltos del acelerador en las arrancadas. Conforme rodaba, su parte ciclo fue lentamente desvelándome sus secretos: los frenos que en sus primeras intervenciones, ya me dejaron entreveer que su eficacia no me iba a decepcionar, me garantizaron su perfecta calidad cuando con la intención de adaptarme a ellos, realicé una larga serie de abusivas frenadas, en las que su rendimiento, lejos de disminuir parecía mejorar cuanto más se calentaban. El tacto de la moto en curva me resultó agradable, siendo su agilidad en los cambios de sentido admirable; gracias a que el manillar adquiría un nivel de tensado medio, con una suave tendencia a buscar la línea recta.
A medida que transcurría la mañana, mi conocimiento en el pilotaje de esta máquina se afianzaba, permitiéndome situarme al nivel de los pilotos punteros de la tanda. Así que decidí fríamente que había llegado la hora de demostrarle al mundo que yo pilotaba a la reina. Tras levantar la máquina después de tomar la curva a derechas previa a la entrada en recta y circulando en segunda, procedí a abrir gas a tope de puño. El tremendo impulso que sentí no lo puedo comparar al de ningún otro vehículo que yo haya pilotado jamás: fue… como si me rompiese en mil pedazos por
dentro. La verdad es que para llevar la rueda delantera al aire y haber sentido la brutal cruzada de rueda trasera, en la que me había dejado medio neumático dibujado en el firme, aguanté la compostura con temple, pues lejos de rajarme, comencé a enlazar marchas como un poseso sin bajar el ritmo de mi exigencia y… ¡el mundo se detuvo!… todo se paralizó mientras que un servidor a lomos de esta máquina parida en lo más profundo del infierno, se habría camino entre las motos que habían quedado congeladas in situ en la recta del circuito. No puedo asegurar si recorrer este largo trecho me costó un segundo o… medio, lo cierto es que cuando pasé ante la caseta del juez de entrada a pista, baje la mirada al tablero de la moto y me estremecí cuando vi que rodaba por encima de 230 Km a la hora; pero más me acongoje cuando al levantar la vista ya estaba sobrepasando el cartel que señalaba los 200 mts. para llegar a la dura curva de final de recta.
A estas velocidades todo ocurre muy deprisa y no me avergüenzo de confesar que estaba yendo demasiado rápido… para lo que mis sentidos de piloto deportivo clásico están acostumbrados; tanto, que noté como las distancias y las sensaciones se escapaban de lo que yo podía interpretar. Por un momento me sentí desbocado y esa es una sensación angustiosa, por lo que sin pensarlo, atrapé con todas mis fuerzas la maneta del freno delantero. El pedal del freno trasero ni lo toque, no es que no me acordase de él, sino por que necesitaba toda la fuerza de mis piernas para aferrarme al depósito y no salir por encima de la moto; aunque tampoco creo que hubiese hecho falta, pues la rueda trasera se puso a flotar durante toda la frenada. De este raro modo me situé a escasos metros de la curva. La verdad es que no tenía la certeza de que la velocidad a la que me estaba introduciendo en el desarrollo de esta larga orquilla a derechas era la adecuada, pero si algo he tenido siempre claro es que un servidor en una curva jamás se raja y… dispuesto a morir matando, solté en freno al mismo tiempo que tiré brutalmente la moto al suelo con un fuerte golpe de contramanillar. A partir de ese momento solo recuerdo niebla y la rara sensación de estar soñando; no pasé miedo… en realidad… creo que no era consciente de lo que estaba sucediendo, pues mis amigos me contaron que mientras el reposapiés derecho de la RG dibujó una hermosa raya en el firme del circuito me trituré por el exterior de la trazada a tres motos del tirón ¡sin poder detenerme!. Fue… extraño y debéis saber que esta experiencia no me gustó, pero a través suyo podréis apreciar la calidad general de esta moto, ya que fue ella la que me salvó el tipo. A partir de ese momento, para no tentar a la suerte, me dediqué a rodar de modo dulce y controlado.
Todas las motos, al paso de los años… cuantos más mejor, se magnifican, convirtiéndose en objetos deseados por aquellas personas que las añoran. Por otra parte… también existen máquinas, que desde su nacimiento y en su posterior juventud, ya destilan un encanto especial y una fascinante atracción, que las convierte del mismo modo que en el caso anterior en objeto de deseo. Lo curioso es encontrarse una motocicleta en la que se den estas dos características a la vez. Estoy convencido de que la Suzuki RG 500 es una elegida y no me cuesta imaginar lo que pasará cuando estos dos agentes se aúnen, es decir: cuando al carisma con que fue engendrada, se sume que hayan trascurrido cincuenta años de su nacimiento. Entonces la RG 500 T, brasa de aquel intenso fuego llamado Gamma, entrará en el Olimpo de las grandes motos, exigiendo por derecho propio su sitio al lado de máquinas como las Brourgh Superior, las Matchles, las viejas Indian…
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