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VESPA 125

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VESPA 125

Motos de Ayer nº 073

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No resulta nada fácil aportar algo nuevo acerca de las Vespas; de ellas se han escrito y difundido infinidad de trabajos que han glosado los orígenes, la técnica, los modelos, la publicidad, los juguetes, el deporte, su influencia en la sociedad..., me atrevería a decir que hasta la saciedad.

Quizá por ello, cuando me llamó mi amigo Javier de G y G poniendo a nuestra disposición su último trabajo, no me entusiasmó demasiado al saber que era una Vespa 125. Pasados los primeros minutos, recordé la pasión que ponía su hermano Enrique en todas las restauraciones, prescindiendo de marcas y modelos, y de pronto sentí un especial interés por aquella Vespa que nos esperaba en el taller.

Sabía de antemano que aunque fuese una Vespa de aquellas primeras que salieron de Moto Vespa, S. A. en sus instalaciones de la Ciudad Lineal de Madrid, y con más de cincuenta años de historia, y de las que ya se ha publicado bastante, seguro ésta que era diferente. Y es que conviene recordar que uno de los componentes esenciales que integran una restauración, es el cariño que se pone al efectuar el trabajo.

Cuando sacamos la Vespa del taller, al intentar ponerla en marcha, su motor se negó a encender al primer intento. Javier se sintió como sorprendido; la última fase que aplica a sus restauraciones, es un intenso rodaje de pruebas y afinamiento. Cuando todo parece perfecto, tapa la motocicleta y la olvida durante un tiempo. Transcurrido éste, inicia un reajuste de nuevo. Quizá aquella Vespa sabía de mi inicial indiferencia hacia ella, y me dio su respuesta; pero eso lo sabíamos sólo la Vespa y yo. El sonido de su motor al acelerar, era el característico zumbido que junto a su diseño hicieron que se bautizase como Vespa, el motor subía de vueltas con mucha facilidad y al cerrar el puño cortaba perfectamente, desde luego la carburación estaba conseguida. Al comenzar a rodar, me di cuenta de dos cosas: primero que el embrague era tan suave que no se notaba, y segundo que no hizo el clonk que esperaba al introducir la primera. Pronto sentí la impresión de que la moto se movía como un flan, en realidad fue una apreciación muy personal, producida por la eficacia de los muelles del sillín y lo blando de su amortiguación. Superada la sensación de inestabilidad, que repito no fue más que una sensación, comprobé lo manejable del scooter. Al trazar las curvas basta con inclinar la Vespa y mantener el cuerpo vertical, la moto hace el resto, los ligeros baches que encontré fueron absorbidos perfectamente por su discreta suspensión. En resumén, la impresión que sentí al rodar con ella fue la de comprobar una vez más las características que propiciaron el rápido éxito de las Vespas en su primera época; en este punto confieso una vez más que los scooters siempre me han dado mucho respeto, no sé el por que, de siempre me han producido una sensación de inseguridad, y a pesar de reconocer sus cualidades, no me atrevería a realizar un largo viaje en Vespa. Pronto alcancé una cierta velocidad y decidí comprobar en recta la eficacia de los frenos. Aunque lo cierto es que estos no son como para tirar cohetes, la moto no se desvió en absoluto y comprobé al accionarlos progresivamente pero con firmeza, que reducen la velocidad y detienen la moto dentro de unas garantías, que dado la escasa velocidad que puede desarrollar la Vespa en ciudad, me atrevo a calificar de suficientes incluso en el tráfico actual. La impresión de manejo que saqué en general después de un pequeño recorrido, es que aunque la Vespa responde en todo con tacto de moto nueva, no sería aconsejable un uso intenso de ella; pienso que su lugar son las excursiones de clásicas, algún paseo y poco más.

En cuanto a su restauración, las imágenes hablan por si mismas y el resto te lo cuento. El trabajo, me comenta Javier, no ha sido dificultoso; las Vespas son sencillas y afortunadamente existe material para ellas, aunque en estos modelos antiguos suelen escasear determinados componentes y repuestos, por ello hay que reconstruir algunas piezas. Una de ellas era la maneta del embrague, que para los no iniciados diré que es diferente de la del freno delantero, estaba soldada en dos puntos y después de un laborioso trabajo de lima y pulido seguía siendo un “churro”. Después de unir Roma con Santiago, no se había localizado una nueva. Al final y con la casi certeza del infortunio, se visitó un comercio que en su día fue de lo más surtido en repuestos de diferentes marcas. Cuando el dependiente vio la maneta que se le mostraba se quedó sorprendido. En silencio se adentró en el almacén y al cabo de lo que pareció una eternidad, salió con una idéntica en la mano. Era la única y hacía unos días estuvo a punto de tirarla junto con algunas cosas más; ¿que precio se le ponía a aquel repuesto de más de cincuenta años...? después de pensarlo le pidió un euro. El motor por dentro estaba hecho virutas, se había salido un rodamiento de su alojamiento en el cárter y si no fuese por ese efecto nostalgia, lo sensato era buscar un motor similar y sustituirlo. En ese punto comenzó la reflexión: esta Vespa es esta. Con su motor y su bastidor, no es un “basket casse”, y el motor que se pueda conseguir también habrá que repararlo. Si afortunadamente se dispone de el profesional adecuado y éste está dispuesto a dejarlo “mejor que nuevo” que son 500 euros. Un elemento que también se encontró nuevo a pesar de su escasez, fue el conmutador de luces; no hubo tanta suerte con el avisador acústico y se tuvo que someter a una profunda reconstrucción del mismo.

Podemos resumir que la política que se siguió en la restauración, fue primar todos los elementos recuperables de la Vespa, por ejemplo en el tubo de escape se efectuó un trabajo que superaba el costo de uno refabricado, pero que una vez terminado ofrecía más garantías de longevidad que este último. Los componentes que hubo que sustituir, se buscaron originales de la marca y época, y en el último extremo como el sillín y las gomas que protegen la pintura de la parte inferior de la coraza y las que guarnecen el cerco de los cófanos se adquirieron refabricadas actualmente.

No haremos historia de la Vespa, como escribí al principio se han vertido litros de tinta acerca de este mito y en ésta ocasión lo único que pretendo es mostrar la recuperación de un ejemplar destinado a la chatarra.

Contemplando el resultado del trabajo efectuado, no puedo sustraerme a la eterna cuestión: ¿vale la pena la inversión de dinero y trabajo? Me parece recordar que mientras sacábamos las fotografías, que se comentó algo así como más de trescientas horas invertidas, alrededor de unos cuatro mil euros gastados en la recuperación del motor, plancha y pintura, pulido de aluminios y cromado de componentes, adquisición de repuestos, trabajos de soldadura, torno y fresa, y ese largo etc. que los que compartimos esta afición conocemos de sobra. El mismo esfuerzo y dinero invertido en una Gold Star por ejemplo, pienso que siempre será más rentable en el momento que se decida vender la máquina... Al final llegamos a la conclusión que creo que mantiene la pureza de nuestra afición. Hay cosas del corazón que no entiende la razón.

EN DETALLE: CÓMO ES LA VESPA
La Vespa tiene la particularidad de ser un scooter que aprovecha su estructura de chapa, como bastidor integrado en la carrocería. Por supuesto está reforzado convenientemente en las zonas precisas. En la trasera de la carrocería, se monta el brazo oscilante y la rueda. El motor montado en posición horizontal con el cilindro en la parte delantera, se ubica a la derecha de la rueda trasera, la transmisión es directa a la rueda a través de un cambio de tres velocidades. La refrigeración forzada por una pequeña turbina accionada por el rotor del plato magnético. Al carburador se accede por una trampilla de chapa situada en la parte delantera debajo del asiento, bajo este se encuentra un mando que regula el paso de aire en el momento de la puesta en marcha. El depósito de gasolina, se sitúa bajo el sillín, su capacidad es de cinco litros. La suspensión delantera se encomienda a un muelle helicoidal y a un amortiguador hidráulico de doble efecto. Como se mencionó anteriormente, la suspensión trasera es oscilante, formada por un soporte de aleación ligera que recibe al motor y la rueda; el extremo opuesto del anclaje del soporte al bastidor, se une a la carrocería por un muelle troncocónico asistido por un amortiguador hidráulico de doble efecto. El equipo eléctrico es de seis voltios, y está formado por un volante magnético que alimenta dos circuitos; uno el destinado al encendido de alta tensión y otro al de alumbrado y avisador acústico.

A ésta somera descripción, acompañamos los datos técnicos más esenciales: El motor es un monocilíndrico horizontal cuyo cilindro tiene un diámetro de 56,5 mm. y una carrera de 49,8 mm. la cilindrada resultante es de 124,850 cc. El redimiento se sitúa en los 4 CV a 4.500 rpm., la relación de compresión es de 6,3 a 1. El cambio de velocidades es de tres relaciones, y la velocidad máxima se situa en los setenta km/h. Los frenos tanto el delantero como el trasero, son de tambor de 130 mm. de diámetro. Las ruedas son intercambiables entre si, y están formadas con dos chapas unidas de acero que forman la garganta del neumático; estos son de dimensiones de 3,5 x 8”, la Vespa pesa 87 kg. Y sus dimensiones generales son: distancia entre ejes: 1,130 mm., Anchura máxima delmanillar: 0,730 mm., longitud máxima del scooter: 1,655 mm., Altura máxima del scooter: 0,950 mm., altura del sillín al suelo: 0,760 mm., altura mínima de la carrocería al suelo: 0,220 mm., radio de giro: 1,50 m.

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