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Vespacar: Pequeño pero matón

Motos de Ayer nº 089

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1. El Vespacar

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Después de la dura batalla de restaurar el motocarro Iso Furia, me juré que no volvería a hacer otro motocarro, resulta demasiado pesado para una sola persona acarrear con este trabajo tan entretenido.

Cuando salió el Furia de mi taller, éste parecía más grande y con más luz; en ese momento me sentí más descansado que nunca. Sin embargo un tiempo después el mismo cliente, se ponía en contacto conmigo y me daba la triste noticia (para mí) que había comprado un Vespacar. Como dije, no tenía intención de trabajar en otro motocarro, pero mira por donde a éste cliente no puedo negarle nada; así que a pechar. Después del susto inicial, me armé de valor y esperé la llegada del nuevo “hijo”, este llego el día previsto. Por la roña acumulada, pesaba por lo menos tres kilos más e iba cubierto de la pátina polvorienta del tiempo.

Después de las primeras observaciones llegué a la conclusión que su antiguo propietario podía haberse dedicado a la venta del pescado, y no es por que oliese a bacalao, sino por los remiendos a base de chapa de cinc para tapar las zonas oxidadas y podridas. Tras un lavado previo del motocarro, lo mío fue aparte. Me puse manos a la obra ya que según el nuevo propietario debía de funcionar, la verdad es que fue relativamente fácil sanearlo un poco y este motor Piagio no tardó en vociferar.

Hacia más de veinte años que no manejaba este artilugio de transporte, ya que en los setenta dispuse de dos unidades para mi servicio y diversión. La verdad es que una vez dentro descubrí que todo cuerpo sumergido en cerveza durante años, aumenta de tamaño considerablemente; aquel aparato al que de joven llegué a asociar con los bombarderos de la segunda guerra mundial, (sonido interior en cabina) me traía buenos recuerdos de una época loca, si uno carga peso en la parte trasera detrás de las ruedas al meter primera se consigue más de un “caballito”. Además la potente bomba de freno si se “clava” el pedal, tiene derrapadas algo chirriantes, además las curvas si le coges el tranquillo, se hacen con tan solo dos ruedas.

Nada tiene que ver con la serie de cambio que al igual que los motocarros Vespa aparecidos posteriormente, aquel pequeño artefacto se podía aparcar con una estos y tener que pasar los buena frenada y un golpe de manillar, aun recuerdo el rostro blanquecino de mi primo cuando la puesta en marcha se hacia hice aquel “rápido” aparcamiento por palanca, tirando de ella al ver un sitio entre dos coches.

Correos fue precisamente uno de los servicios que más aprovecharon la utilidad de este medio de transporte, que tan solo tenía tres pegas en aquel momento: la primera consistía en el embrague, que era el típico de Vespa y carecía de robustez para ser usado con intensidad; con el tiempo las campanas cedían y saltaban los muelles y los discos dejándote en la estacada. En segundo lugar, el cambio que al igual que los scooters iba por cables, lo que era muy engorroso al romperse estos y tener que pasar los nuevos. Y la última, que carecía de motor de arranque y la puesta en marcha se hacia por palanca, tirando de ella con la mano. Si el motocarro estaba en buen estado, no era difícil ponerlo en marcha, la mejor forma era: uno se sentaba y después de tirar del aire tiraba con la mano izquierda de la palanca de arranque. Lo malo era cuando esta se quedaba libre y no accionaba el piñón del motor, te arreabas un golpe en el codo contra la carrocería, en el llamado “hueso de la suegra”. Si salías de la cabina y querías arrancarlo con la mano derecha era aun peor, el golpe era contra el canto de la puerta. Lo mejor eran tiradas de
palanca cortas y seguidas, pero con mucho tacto.

Que útil seria este vehículo hoy en día con una cilindrada de 250 cc y arranque eléctrico, y naturalmente cuatro tiempos. Seria útil por aparcamiento, por manejabilidad, por consumo... y que no por ello piense el neófito que el viejo modelo carecía de potencia, yo cargaba leña para estufas, botellas de butano, bebidas y sacos de cemento y aquel cascajo recorría su trayecto incansable y pese a lo dicho del embrague aun lo vendimos para seguir siendo usado.

Todo aquel que se ha sumergido en una restauración, sabe lo laborioso del tema y lo problemático de la búsqueda de piezas. En los motocarros se agrava aún más pues los recambios escasean mucho más que los de las motocicletas.

Junto al Vespacar llegó un bote donde me dijeron que habían recambios, estos se habían ahogado. Si no pensara en que el Titanic se hundió en 1912, habría jurado que los recambios eran de ese pecio. Lamentablemente casi ada era aprovechable. En el apartado gomas y silentblocs se mandaron a hacer, así como juntas etc., además de cortar a láser alguna tapa perdida en el tiempo, con la consiguiente entrada de agua que al mezclarse con grasa vieja, crea una nueva especie de pegajoso ungüento.
Los neumáticos no son exactamente los de la Vespa ya que son de 8x4” aunque buscando se llega a conseguirlos; una cosa inservible es el freno delantero, es el mismo de la vespa del 1956, si ya no frenaba en esta moto, imaginaros con un vehículo mucho mas pesado.

Toda la cabina se soldó a metal, estaba “tocada” por todos los rincones y a las puertas se les reconstruyó a mano los bajos de ambas. Un tema delicado son los “cristales” estos no son otra cosa que metakrilato y los delanteros de las esquinas fueron una aventura que no me gustaría volver a pasar. El silencioso se copió en acero inoxidable, este es un elemento que hace honor perfectamente a su nombre. Como la caja de carga estaba muy podrida, se tuvo que hacer prácticamente casi la mitad aprovechando la chapa moldeada de los laterales que aun se conservaba en buenas condiciones. El motor del Vespacar se diseñó clonando prácticamente el motor de la vespa 125 cc de 1953 y tan sólo se diferencia de esta en el tubo de aluminio que penetra en la caja inversora. Este tubo oculta el eje que transmite la potencia y da rigidez a la construcción, la caja inversora ya lo dice la palabra, invierte o sea que si este vehículo tiene tres marchas hacia delante la “caja” mediante una palanca te ofrece tres marchas hacia detrás. Sinceramente no creo que nadie ose aprovecharlas, yo si puse dos de joven y afirmo que es una locura.

La transmisión trasera es a base de cadena como si de una moto se tratara, pero en el Vespacar, lleva una por rueda. Desde luego es un vehículo muy divertido y practico, y yo hice una de mis locuras probando la conducción sin la caja trasera, sin puertas y sin el “sombrero”, ya que la parte superior va atornillada por el medio, arriba del faro.
La verdad es que resulta una experiencia como para probarla.
Laespalda sufre un poco en el modelo que carece de respaldo, como el que nos ocupa ya que la plancha tope llega a tocar la columna vertebral en los baches y es molesto pues carece de acolchado alguno. Si no encontráis bomba de freno original es fácil acoplar de los Seat o 2 CV.

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