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VILLIERS: UN MOTOR UNIVERSAL
ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos Arturo Borja
1. Introducción
eguro que el lector habrá escuchado en más de una ocasión comentarios parecidos a lo que sigue: las motocicletas españolas de los cincuenta, no son más que cuatro hierros, se copia un chasis, se adaptan unas ruedas de las que exista neumáticos, se le monta un motor Villiers y una marca española más. Esta claro que no siempre son tan fáciles las cosas, pero en cierto modo tenemos que aceptar que algo de razón si que tiene el comentario. Por lo menos en que los motores Villiers de 125 cc. Mod.10M y los de 197 cc. Mod. 6M, fueron empleados por muchas marcas españolas de esos años. Pero conozcamos un poco más acerca de estos propulsores
Todo comenzó en el año 1898 cuando John Marston, que por entonces colaboraba para la fábrica de bicicletas Sunbeam en la que tenía intereses, decidió montar una industria auxiliar para la fabricación de componentes de bicicletas para la firma. De esta forma nacería la Villiers Cycle Components Company, que al poco tiempo vendía sus fabricados a otras marcas dada su capacidad de producción. Tendría que pasar el tiempo de nuestras pioneras para que la Villiers se interesase por las motocicletas. Su primer componente para estas, fue un embrague que se adaptaba a la rueda posterior con la finalidad de facilitar la conducción de la motocicleta en ciudades y zonas de tráfico (casi todas las motocicletas de esa época, tenían la transmisión por correa fija y cuando dejaban de rodar con el motor en marcha se tenía que recurrir a una polea de tensión para que la rueda no girase). El siguiente paso, consistió en fabricar un cambio de dos velocidades que se adaptaba al cubo trasero. De esto a fabricar una motocicleta ya quedaba menos, pero por lo que fuese, en la Villiers se decidió por la fabricación de motores solamente.
Al primer motor de 296 cc. se le denomino MkI y comenzó a fabricarse en 1913, y su producción se mantuvo hasta el inicio de la IG.M. Los motores Villiers no sólo serían adoptados por diferentes motocicletas inglesas, se utilizaron para equipos electrógenos, bombas de agua y para compresores de aire.
Después de la guerra, se perfeccionó el motor dotándole de una magneto-volante (lo que perfeccionado conocemos como magneto alternador a volante) en sustitución de la tradicional magneto. Paralelamente a la investigación y fabricación de motores, la Villiers comercializaba otros productos, como sus volantes magnéticos, conjuntos de iluminación para motocicletas y el pionero embrague, accesorios que vendía por separado. A mediados de los años veinte la empresa amplió su catálogo con la fabricación de carburadores, también por esas fechas se comenzó a fundir con aleación ligera las culatas, al tiempo que se empleaban las aletas radiales. Todo esto permitió la fabricación de un motor de caracter deportivo de 175 cc. (Por aquellos días en España Julio Fusté Cercos importó algunos motores que empleó en sus motocicletas, ver M. de A. nº 23). En Villiers aparte de una frenética producción, no se abandonaba la investigación dando lugar al novedoso motor bicilíndrico paralelo de 344 cc. que en la práctica no resultó tan eficaz, no obstante sería adoptado por la Francis-Barnet y otras.
En el periodo hasta el comienzo de la IIG.M. se desarrollaron interesantes motores refrigerados por agua, un motor horizontal, sistemas de lubricación... Pero indudablemente el más difundido fue un pequeño 125 cc. de tres velocidades que sería adoptado por diversas utilitarias, entre las que destacamos la James MK. A finales de los cincuenta la Villiers absorbería a la JAP, luego fusionándose con Norton, se convertiría en la Norton Villiers Ltd. y aqui terminamos la resumida historia de la marca, para contemplar lo que significaron estos motores en nuestra industria nacional. Hace muchos años, D. Rafael Segura reconocido impulsor de la conservación de nuestro patrimonio histórico, me contó una historia que daba por cierta. Más o menos decía asi: Casi al final de la IIG.M. Un barco inglés que se dirigía al norte de Africa con pertechos para el ejército, fue torpedeado por un submarino alemán cerca del estrecho de Gibraltar. Averiado, se refugió en la bahía de Gibraltar y en el transcurso de la reparación terminó laguerra. El barco entre otras cosas, transportaba un cargamento de motores Villiers de 125 cc. destinados a ser montados en pequeños generadores eléctricos, bombas de agua, etc. “mágicamente” estos motores comenzaron a venderse en España de contrabando, y fueron montados en muchas motocicletas utilitarias de antes de la G.C..... Podría ser cierto o nó, pero en cualquier caso, los motores villiers cuando comenzaron a fabricarse en España, eran unos viejos conocidos por los motoristas españoles.
Como mencionamos anteriormente, a mediados de los veinte fueron los propulsores de las motocicletas Lutetia, Fusté, y otras marcas de escasa difusión. El importador de los motores Villiers en España despues de la guerra fue la firma Harry Walker, que ante la fuerte demanda por parte de los fabricantes de motocicletas y motocarros, en 1951 fundó la firma Hispanomotor, S.A. que bajo licencia fabricaría en nuestro país los Hispano Villiers.
Durante siete años, la producción del Hispano Villiers, se centraría en dos modelos el 10 M de 125 cc. y el 6 M de 197 cc., estos motores eran suficientes para impulsar las motocicletas, pero se quedaban escasos de potencia con los motocarros y pequeñas furgonetas que los montaban.Por eso en 1958, se amplía la producción con un motor bicilíndrico que se ofrecerá en dos versiones el 2T de 250 cc. y el 3T de 324 cc. Estos motores conoceran todo tipo de equipamientos desde la refrigeración forzada hasta el arranque eléctrico, también se serviran con tres y cuatro marchas e incluso con marcha atrás. Citar en este trabajo el destino de la producción de Hispano Villiers resultaría ocioso. Pero como bien sabe el lector, equiparon a muchas motocicletas de los años cincuenta AMS, ROA Cofersa, R.M.H., Dusco..., también fueron copiados por otros fabricantes que en ocasiones se limitaron a la socorrida solución de cambiar las tapas laterales con su propia marca. También impulsaron al popular Biscuter, y casi todos los microcoches que se fabricaron en aquellos años. La mayoría de los motocarros, solución al transporte urbano de mercancías, también utilizaron los propulsores Villiers, principalmente el modelo 3T.
El éxito de los motores Hispano Villiers en nuestro país fue tal, que hoy en día casi podemos considerarlos tan españoles como el Brandi.
1. Introducción
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