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Revista Motos de Ayer™ | El mundo digital para Motos Clásicas

Vicente Belda: Motos clásicas hasta en la sopa

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Siempre he considerado a Vicente Belda como una persona muy singular. Hace muchos años, cuando me lo presentaron, fue como Mcguiver. Bien, dije yo ¿y Mcguiver, cómo se llama? Así conocí hace ya algunas décadas a Vicente Belda. Por supuesto que pronto descubrí su gran imaginación y habilidad para solucionar cualquier problema mecánico. Aunque estoy seguro que lo que más nos unió fue nuestra común devoción a las motos antiguas, y cómo no a escribir historietas acerca de ellas. Creo que Vicente es más que merecedor a que le dediquemos unas páginas en esta sección que, como su nombre indica, está abierta a cualquier lector que tenga algo que contarnos.

Desde muy pequeño ya me iba la mecánica; bueno, aunque sólo fuese el desmontar cosas. La primera moto en la que subí, la podéis ver en una de las fotos, una Vespa del tío vivo. Yo más bien tenía que haber sido seguidor del mundo del automóvil por herencia familiar ya que mi abuelo tenía un garaje en los años treinta.

Pero fue mi padre quien decidió construir una motocicleta con una plancha protectora para el aire y el agua, esta maquina con motor Rex, tan solo existió como prototipo y después de una caída con rotura de clavícula incluida, la moto hecha en los años cincuenta desapareció.

Mi vida continua al lado de revistas y manuales de coches, hasta que a los catorce años encuentro un VeloSolex abandonado, lo pongo en marcha y durante algunos meses lo dedicamos a divertirnos los amigos y yo. Cuando cumplo los dieciséis me saco la licencia y recorro todas las casas de motos buscando algo que me guste, me entra por los ojos la Torrot tipo campera. Como elemento de presión, lleno mi casa de propaganda buscando que mi padre me compre la tan deseada maquina, pero no hay manera.

Mi padre por aquel entonces tenia una fabrica de plásticos, un dia llego a ella un chaval pilotando una Derbi de color verde, me fije tanto en ella que la recuerdo como si de ayer se tratase, aquel ciclomotor, con 74 incorporado era la que hoy llamamos “paleta” sin embargo llevaba el deposito de la Antorcha, la del rayo en deposito y era verde de fabrica, pocas iguales e vuelto a ver. Mi fijación sobre aquella maquina fue tal que me olvidé de aquella Terrot y meses más tarde me compró la antorcha verde, de segunda mano por seis mil pesetas, sin embargo este modelo ya era posterior pues ya tenia el guardabarros trasero fijo al bastidor.

Para qué voy a contar que al tiempo la moto acabó con deposito de la 74 y transformada en 65 cc, además del manillar racing, pues hacíamos carreritas entre amíguetes, por cierto dos de ellos hermanos del piloto Manuel Varea. Durante este tiempo tuve dos Derbis más y prepare para un amigo la que seria, la primera Mobilette de Cross.

Llega el carnet de conducir…, por desgracia tan solo pude sacarme el A2, pues por aquellos días, me había puesto a trabajar de repartidor y la empresa se encargaba de ello. Con el carnet flamante en mi cartera, le compro por quinientas pesetas una Brío 80 a mi jefe; esta moto fue cambiando de aspecto y si era de velocidad al poco tiempo se hacia de cross. Con aquel vehículo hubieron mil aventuras, incluso el intento de llegar a Requena en otoño, con frió y con un cambio que escupía la primera.

No dejo mi Brío y me compro a la fuerza una Ducati 175. Digo a la fuerza porque su propietario un compañero de trabajo de uno noventa de estatura, de raza gitana y que asustaba de verlo, en el fondo no era tan malo solo traviesillo, me dice que ha dejado embarazada a la novia y que me vende la moto por cuatro mil quinientas, justo lo que que le costaba el traje de boda. Claro que eso me lo dice cinco días antes de la boda. Yo conseguí el dinero y me quedé una moto que dos meses antes él había reparado y pagado mas de quince mil por la reparación.

Pasé buenos momentos con aquella moto, no gastaba y era ágil, el anterior propietario la había pintado negro mate, yo no tardé en pintar el deposito verde y blanco al estilo de las Hondas de las revistas que veía; después con el tiempo la pinte amarilla y posteriormente de un verde Mercedes que era un lujo. Le cromé el escape de 24 h que ya tenía, y quizá por ser tan bonita, para mi desgracia me la robaron. Así que seguí con la Brío, también me había hecho una moto de piezas de otras, chasis y motor Derbi… deposito de Senda… etc.

Por entonces mi primo hermano que también se llama Vicente me pasa una Mondial que él no quería, al comprarse una Bultaco Junior, aquella máquina de avance manual y arranque hacia delante tenia la costumbre de golpearme la espinilla, y dejarme el hueso escalonado. Meses antes dejé la Brío a mi primo y como el que no hace nada, envistió a un ochocientos cincuenta destrozando medio coche, por increíble que parezca salvo rueda abombada y barras algo dobladas, la moto se fue en marcha y el coche en grúa.

La Mondial fue modificada con avance centrifugo, deposito BSA y dos escapes al estilo de las Aermacchi, con escape en y griega…. El recorrido más largo fueron quince kilómetros, se averió y no me preguntéis el porqué. Fui a recogerla con un Vespacar que también tenía, bueno la verdad es que tenía dos con la misma matricula, quité la rueda delantera, subimos la moto pero aun tenia el recuerdo vivo y se quedó fuera la trasera, aun así volvimos poco a poco a casa.

Al tiempo un amigo me dice que en un taller que conoce venden una Impala, no lo pienso y como el precio es de cinco mil pesetas me voy a por ella, curiosamente su anterior dueño a modificado el cilindro, le ha hecho una segunda boca de escape. Sí le han agujereado junto a la salida original otra y después soldado un tubo con rosca al igual que en una Brío, curiosamente le habían colocadouna tapitasujeta con la rosca de escape, no tarde en colocar un escape de Bultaco por lo que la Impala disponía de dos silenciosos, uno a cada lado, no quiero deciros el sonido tan agradable que producía.

Con el tiempo me canse y sustituí el cilindro por uno normal, pero que andaba de miedo, le hice un tubarro con dos balas de las pequeñas por lo que no hacía demasiado ruido, pero volaba, le pinte el deposito morado como la Rapita y adhesivos de enduro, además le puse relojes de una Puch faro plano cromado y guardabarros de plástico. Que todo esto eran heregías…, ¿que queréis? era la época y había juventud.

Un dia de improviso, alguien se empeñó en comprarme la Impala, en principio me pero aun tenia el recuerdo vivo de mi Ducati, por lo que pensé, la vendo y me compro una nueva. Claro está que tenia que firmar muchas letras. Recuerdo que aquel dia cuando entre en casa con los billetes en la mano los lance al techo y vi como llovían sobre mi los billetes marrones de cien.

En una tarde de viernes lluviosa estrene una flamante Ducati 250 Road de 12 voltios, me moje y deseaba como loco un radiante dia de sol para pasear con mi nueva cuatro tiempos. Aunque tuve muchos problemas por una mala entrega, se olvidaron de quitar el tapón del respiradero de la Ducati y eso trajo averías, quedarme tirado varias veces y un sin fin de peripecias horribles.

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