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Revista Motos de Ayer™ | El mundo digital para Motos Clásicas

Inicios de la mecánica de motocicletas

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Pensando en voz alta. Un siglo después

Hace poco tiempo, rebuscando entre mis papeles y casi por casualidad, encontré un tratado de mecánica de la motocicleta editado en nuestro país en 1908. Cuando lo compré hace bastantes años, a pesar de ser una obra menor, fue para mi un importante documento dentro de la escasa bibliografía dedicada en aquellos años a la automoción. Lo que más aprecié fue el afán de divulgar los conocimientos de la época, y por otra parte la peculiaridad de estos.

Con el tiempo todo avanza, aunque en las últimas décadas podríamos afirmar que demasiado deprisa; tanto es así que para muchos aficionados de última generación, poseedores de motocicletas o automóviles clásicos de indiscutible valor histórico, posiblemente los orígenes de la automoción en nuestro país sea un tema totalmente ignorado, precisamente por desconocido. Por ello, una de las labores que considero importante dentro de los contenidos de una publicación como Motos de Ayer, pienso que debe ser la divulgación de nuestra historia motociclista, historia que aunque un tanto diferente de la de otros paises de Europa, también tenemos.

En muchas ocasiones he escrito acerca de este apasionante tema y siempre me ha motivado el deseo de compartir algún “descubrimiento”; en éste caso el prólogo del libro a que al principio hacía referencia, es en si mismo un autentico retrato de la figura social de la motocicleta en nuestro país hace simplemente un siglo, o si lo queremos ver de otra manera a una decena de años de su puesta en escena. Consciente de que su lectura puede interesar a muchos lectores, me permito el transcribir el texto de D. José de Igual, Ingeniero industrial, Profesor de la escuela Central de Artes Industriales y de Industrias de Madrid; que publicado en Octubre de aquel lejano 1908, decía así:

Oportuno, pero difícil, sería tratar en el prólogo de una de las publicaciones dedicadas al automovilismo cuestión tan importante como su porvenir e influencia en la vida social, difícil siempre, porque necesita el que de este punto se ocupe espacio mayor que el consignado a un modesto prólogo para que las consideraciones ofrecidas pudieran fundamentarse debidamente.
Quedará, pues, mi intención reducida a unas cuantas observaciones, más o menos oportunas, que sirvan de introducción a la lectura del estudio que acontinuación sigue, y que seguramente dejará en el olvido mis pasadas observaciones.

El motor de esencia, objeto principal de este trabajo de divulgación, particularmente aplicado al automovilismo, ha traido entre otras cosas, un ambiente renovador en todas nuestras clases sociales. El acaudalado burgués, recogido antes en los mullidos sillones de su casa, ha salido a la plena naturaleza seducido porel vértigo maligno de la velocidad. Con la facilidad de transportarse a todas partes, ha visitado sus fincas, antes desconocidas, y ha llegado a darse cuenta de ciertos principios mecánicos y de ciertas aplicaciones a mecanismos, entre conocidos y misteriosos, que hace años eran patrimonio exclusivo de maquinistas e ingenieros.

De las clases obreras ha surgido el “chauffeur” medio meánico y medio cochero, que, aprovechándose muchas veces de la ignorancia de los propietarios y acertando al tuntún en las frecuentes averías de la carrera, ha sabido, no obstante, aprovecharse en las reparaciones consiguientes. Los buenos sueldos y la vida ligera han llevado hacia el automovilismo a muchos obreros que aumentan continuamente, luchando con los antiguos monopolizadores del trabajo, franceses en su mayoría; que también, con levísimos conocimientos de mecánica, arrancaron pingúes sueldos a nuestros caprichosos compradores.

La clase social menos beneficiada, y que puede decirse que no ha sacado más que sustos y desazones del automovilismo, ha sido la siempre postergada clase media, que ha visto el automovil con recelo y temor, y todavía no ha podido aprovecharse de las futuras aplicaciones industriales de este mecanismo.

Como todas las grandes creaciones humanas, el automovilismo ha nacido fuera de su verdadera misión social. Ha sido un mal, o quizás un bien, por las facilidades que a su desarrollo ha dado el capricho de los poderosos, que el mecanismo que, andando el tiempo, será prosaico transportador de viajeros y fardos, constituya hoy dia uno de los más excitantes sports de moda, causa de ruina y desolación en muchas linajudas y poderosas familias, que han sacado de su afición al “auto” la bolsa vacía y dos o tres dislocaciones y roturas por individuo.

Lo ciero es que ya empezamos a ver la dirección que la industria automovilista va tomando hacia el carruaje industrial, llámese ómnibus, camión o cualquier otro nombre indicador de su modesto trabajo. Grandes fábricas liquidan hoy sus cuentas con cuantiosos descubiertos por falta de ventas, y no es extraño que, agotada la demanda de coches de lujo para poderosos, busquen en más modestos demandantes las necesarias salidas de sus productos.

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